Apollo 13. Dramatismo prolongado.

Recuerdo que esta fue una de esas películas que veía a ratos, y de manera incompleta, por canal cinco, y es que cualquier aventura épica era entretenimiento garantizado. En este sentido, Apollo 13 se coloca en un modelo de conducta y esperanza donde el hombre es capaz de realizar viajes fuera de la Tierra, sin asegurar que cumplan su objetivo, como lo es en este caso, llegar a la Luna. Así, al volverse un conato en todas sus letras, la cinta termina siendo un tratamiento heterogéneo de drama, suspense y con pocos giros que obedecen a la astrofísica. 

Fue extraño que esperara, sino acción -porque claro, no es el tipo de film que lo ofrecería-, por lo menos un suspense mejor trabajado, o al menos una preocupación por desarrollar plenamente a sus tres protagonistas. Visto grosso modo, el guion sólo nos presenta formalmente, y en lo básico, a Jim Lovell (siempre efectivo Tom Hanks), pero poco sabemos de Jack Swigert (Kevin Bacon) y Fred Haise (Bill Paxton), haciendo la cinta los aborde de una manera tangencial que le resta impacto al viaje que como espectadores hacemos con ellos. 

Sabemos que uno de ellos es acompañante de facto de Lovell, y que el otro fue elegido como reemplazo, pero no más allá. El conflicto de la cinta surge a la mitad, especialmente porque tienen una misión que cumplir cuando se ven inmersos en otra situación que atenta contra sus propias vidas. Es entonces cuando la cinta, de teñirse impersonalmente, se convierte en una clase de diario especial con los tintes de drama y peligro que, salvo por los cortes de escena únicos, es una película ligera en comparación a otros títulos de la época. No se demerita, pero no me ofrece un peligro que sea visualmente mortal. Se les acabó el oxígeno por una extraña explosión, emergencias que se remedian... 

En el renglón de las actuaciones la cinta cumple, brillando Hanks, en el espacio; Harris como Kranz en Tierra. Y es, valga el contrasentido, refrescante encontrar a Harris en papeles de héroe, pues donde puede brillar como villano, aquí me demostró que la vena heroica también la puede desempeñar convincentemente. Por su parte, Hanks ha demostrado su talento en diversas ocasiones, llámese Náufrago (Dir. Zemeckis, 2000), Puente de Espías (Dir. Spielberg, 2015), Sully (Dir. Eastwood, 2016) o incluso una de sus más famosas, Forrest Gump (Dir. Zemeckis, 1994). El elenco, en general, logra su cometido y al menos por ese derrotero, el aburrimiento se vislumbra bastante lejos del horizonte. 

Como otro punto a favor está la impresionante fotografía, permitiendo sentir el incipiente peligro, o en todo caso, la gravedad que rodea a los protagonistas, varados en el espacio frío, infinito e indiferente a su situación. Jim Lovell lleva por consiguiente el peso emocional y la responsabilidad de arribar con su tripulación a la Tierra, apoyado por un grupo de expertos que calculan cada una de las variedad posibles en un viaje donde todo puede perderse o ganarse. 


Más allá de que la cinta ofrece una vicisitud narrativa entre lo que se teoriza en la Tierra y lo que sucede en el espacio, hay poco adicional que analizar fuera de los momentos clave como el incidente, los momentos de culpa personal y miedo que sufre la esposa así como la comunicación brindada por los medios, donde mitigar el peligro para el público viene acompañado como la catsup en una hamburguesa. 

Lo que no termino de entender es por qué incluyen a un sacerdote en la escena familiar. En cuestión de apoyo familiar, no tengo remilgo al respecto, pero hablamos de una temática puramente científica que, al menos en su condición más elemental, no necesita refuerzos religiosos y nunca dio señales de ello. Fuera de eso, y del siempre inevitable elemento patriótico al final de la cinta, ésta no da ningún otro beneficio a nivel narrativo. 

Lo mejor: la actuación de Tom Hanks y sus compañeros de reparto. 

El mal uso del drama y el suspense fragmentado. 

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