Green Room. Masacre inesperada.

Encuentro ligeramente complicado poder hablar con total libertad de esta cinta, siendo que no conozco nada de nada al creativo detrás, al que con plena virtud de equivocación podría clasificar como sutil, efectivo y, cuando es necesario, sangriento en todas sus letras. Y entonces puede que la pregunta "¿Por qué ves la cinta de un director que ni conoces?", y responderé que fue por "recomendación". La habitación verde habla de un grupo de música punk que necesita dar concierto para desplazarse de zona y se ha quedado sin dinero. Es así que deambulan hasta que una oferta no muy convincente les llega y, titubeando entre la curiosidad y el "peor es nada", deciden tomarla, pero las cosas se salen de control cuando presencian lo que parece un asesinato. 

Bastante el contexto emocional de desesperación que rezuman los personajes, aun sin conocerlos del todo colectiva e individualmente, para sentir su presión, respirar su angustia general y miedo ante una situación que inicia de lo más casual y que, conforme la película avanza, se convierte en una pesadilla que, a mi gusto, queda entre una versión simplificada de La Masacre de Texas y cualquier otra película que te deja con esa sensación de que no puedes respirar. 

La habitación verde, así, se coloca en una especie de fórmula narrativa cuyo objetivo es dejar al espectador sin manos para depositar la tensión en el sofá, pues juega sus cartas de una manera un poco mañosa, aligerando el tono para después golpearnos con un ritmo que esconde su magia más en lo psicológico que en lo visual, aunque de esto último hay material para despotricar a "inocentes" y villanos por igual.  La carta fuerte son las circunstancias, el azar que reina en la cinta y que, como en muchas otras películas de asesinatos no premeditados, aun con los "oscuros" rayos de esperanza maquivélica que podía atribuirle a este gráfico viaje de venganza, muere el que está despistado y prevalece el que se arriesga. Y aquí el riesgo que el director toma es el de poder plasmar en esta cinta y con ayuda de los reconocidos Anton Yelchin (Star Trek) y Patrick Stewart una especie de cinta donde la muerte es la equivocación desafortunada y el ingenio la única salida.  

Ni recuerdo la música que sacan y si la hubo, la estimaría intrascendente, pues como dije, el mayor atributo está en lo inesperadamente gráfico, los engaños y los pistolazos entre los malos y los no afortunados. Puede verse como un atractivo que Yelchin ejerza de los buenos, mientras que a Stewart, al menos en las facetas actorales que le conozco, es la primera ocasión en que lo veo de villano, y uno medianamente creíble. Mueve hilos y su aportación parece más la de un mafioso enojado porque lo despertaron de su hora de dormir que de un tipo que debe lidiar con un grupo de personas que se encontraban en el lugar y momento equivocados. 


Con todo y los elementos que aquí se conjugan, si restamos la nula caracterización o desarrollo emocional, esta aventura tiene vía densa en la acción ofrecida en los momentos de sorpresa o tensión, pero fuera de eso, luce diabólicamente genérica. No está mal dirigida, pero pese al ingenioso y módico conjunto de escenas, es reconocer el astuto uso de la tensión, sutilmente poderosa y un poco lenta, pero es la idea. 

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