Durmiendo con el enemigo. Las apariencias engañan.

Recuerdo cuando a Julia Roberts la vi en la cinta La boda de mi mejor amigo (Dir. P.J. Hogan, 1997), comedia en la que compartió créditos principales con la hermosa Cameron Díaz y Dermont Mulroney. En aquella cinta la química entre los tres protagonistas fue determinante para hacer de la película una comedia dramática sobre el destino bastante acertada. Ahora, con Durmiendo con el enemigo Roberts interpreta a Laura, una mujer casada con un hombre en apariencia perfecto que en el fondo esconde una obsesión, control, comportamiento compulsivo y peligroso.

Después de tres años de no soportar haberse convertido en una esposa que únicamente está al servicio del marido en la cama, decide planear su escape recurriendo a la única vía posible: fingir su suicidio. Pero Laura debe planearlo bien, porque su esposo no caerá tan simple en el engaño. Las ansías de la protagonista por huir de una monstruosa vida de matrimonio la vivimos con ella, la acompañamos, especialmente se trata de un conflicto común y creíble, algo que le podría ocurrir a cualquiera, y Julia interpreta bien a Laura como una mujer asfixiada emocionalmente en una relación que no da frutos, que se basa en el egoísmo y que no es saludable.

Cuando finalmente logra fingir el atentado, escapa y nos relajamos pensando que se ha librado de una vida terrible, pensamos con ella que puede vivir feliz, rehacer su vida y estar en paz, pero el pasado busca y cobra. Por eso cuando encuentra a alguien más con quien estar y descubre que Martin descubrió su engaño, puede estar cerca. El manejo de la tensión dramática en la cinta es adecuado, y aunado a un ritmo que se toma su tiempo en respetar el contenido emocional de la cinta hacen de este viaje una intenso, agradable, pero con el mensaje de esperanza como principal sustento. Y confiar en Roberts para el papel es una decisión acertada, vivimos con ella su temor, su escape, su reencuentro, su esperanza de una vida mejor.


La mayor moraleja que Durmiendo con el enemigo tiene es que no debemos fiarnos de las apariencias, y que no todo lo que brilla es oro, pero aquella que puede, en este caso, es el encanto, carisma y pasión profesional de Roberts al encarnar a una mujer vulnerable, hábil, consistente, inteligente y decidida a seguir con su vida. Retomo la cinta porque pienso que su valioso mensaje aún puede ser útil, por el tipo de vida que llevamos y para quienes no saben lidiar con situaciones estresantes. Laura tiene la respuesta: hay que actuar. No darnos por vencidos.

No está al nivel de otras cintas del género, pero entretiene lo suficiente por su contenido romántica, dramático y la dosis de acción psicológica que presenta. 

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