The Seven Deadly Sins. De guerras milenarias y sarcasmos prestados.

Cortesía de NETFLIX para los que tenemos un mínimo espíritu Otaku llega la serie Los Siete Pecados Capitales (The Seven Deadly Sins), estrenada en 2014 y con muchas aventuras, humor desmedido y sobre todo, la promesa de un concepto que combina misticismo, leyenda, antigüedad y mucha magia. Acompaña a Meliodas y sus compañeros, los Pecados Capitales, en su búsqueda por detener a los Caballeros Sagrados antes de que destruyan el reino. 

Guiados por el cínico líder del inmenso poder del pecado de la ira, Hawk, un simpático cerdo y Elizabeth, una de las princesas del reino, se embarcaran en sus aventuras, mientras que con el tiempo se unirán eventualmente el resto de pecados, y con cada episodio sabremos más de ellos, de su pasado, de cómo se volvieron pecados con habilidades sobrehumanas. Dejando de lado la sorprendente animación, contraria a la clásica Rurouni Kenshin, a Meliodas le encuentro un enorme parecido con Goku: un carácter honesto, desvergonzado, pero pendiente de su entorno, increíble luchador que, pese a su descaro y cinismo, se preocupa por sus seres queridos y es capaz de sacrificarse por ellos. Y no solamente eso, pues tamos encontrados una especie de "torno de artes marciales" donde se entrega un premio al ganador. Así, presenciamos batallas muy interesantes y divertidas pero, de nueva cuenta, lucen recicladas.

Con este perfil en mente, los escritores construyeron en el resto de los pecados personajes con dimensiones humanas, para identificarnos con ellos o bien preocuparnos, porque es un objetivo que logran. Sabemos que fueron malos, que tienen un pasado sangriento, que tienen poderes demoníacos, pero su psicología, sus impulsivas ganas de hacer el bien nos llevan a querer acompañarlos en su viaje y desear que superen cualquier peligro que se les presente. 

Ahora bien, las escenas gráficas son divertidas, hay recursos sexuales sutilmente utilizados y que son típicos del animé en general; jugar con el estereotipo y la cursilería son ya elementos característicos que obedecen al humor. Sin embargo, es en la construcción de su premisa narrativa (encontrar a los demás pecados con asombrosos poderes para salvar al mundo mientras nos divertimos en el viaje) donde encuentro paralelismos con otra historia por ejemplo: ese afán de mostrarlos como "dispersos" y que deben encontrarse para reunir su poder y derrotar al villano, que no es revelado sino pasada la mitad de la temporada, me recuerda un poco a la olvidada -y entretenida- Monster Rancher, aquella serie televisiva de fantasía y acción estrenada entre 1999 y 2000. Siempre hay humor, y Hawk funciona como el elemento más destacado en este aspecto: indefensa y sin poderes, posee un corazón enorme que habrá de salvar la vida del Meliodas y el resto de sus compañeros. 


Hay tensión sexual, hay amor no dicho, no confesado y escalas de poderes, traiciones, lealtades puestas a prueba y hermandad. Todo esto incorporado con, repito, una estupenda animación que un apartado visual sin precedentes. Tecnicismos a un lado, encontramos aquí una serie interesante y divertida, pero que innova poco en su narrativa. Al final, enfrentarse al villano que utilizará poderes ancestrales para destruir el reino es algo que, en el binomio milenario Bien vs. Mal no es nuevo, ni tampoco la fábula de que el mayor poder se encuentra en el corazón, en el apoyo y la unión.  Esta primera temporada la recomiendo como mero entretenimiento y un vistazo a uno de los temas históricos que más intriga causan. Ahora queda hablar de su segunda temporada, donde se menciona a Camelot

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