¡Huye! Mucha azúcar, poco café.

Quiero pensar de la manera más fría posible y decir que lo que se pintó previamente como un producto con una psicología capaz de aturullar es, en el mejor de los casos, una fábula sobre las apariencias y sobre las delimitaciones de cuando aprendemos a lidiar con los demás. Porque, como se dice comúnmente, nunca nos llegamos a conocer del todo a nosotros mismos. Si este planteamiento presenta algún grado de veracidad, ¿qué hay del conocer a los demás auténticamente? ¿Es acaso un proceso genuino o un rompecabezas que nunca alcanzamos a armar completamente? No saber con quién lidiamos es un riesgo que deberemos tomar, especialmente porque los lazos son nuestro alimento emocional. Las intenciones ocultas son un factor determinante y, unidas a la apariencia, logran mucho. Esto se aborda en ¡Huye! (Get Out).

El film comienza con Rose (Allison Williams, hermosa y deslumbrante) preguntándole a su novio Chris (Daniel Kaluuya, Black Mirror, Sicario) si lleva todo lo necesario para el fin de semana en que conocerá a sus futuros suegros. El detalle, que hemos visto en otras cintas con líneas argumentales parecidas -la guerra fría entre suegro y yerno-, es que ella ha omitido el hecho de que su novio es negro. Esto, al inicio, no parece ser problema alguno, salvo por las penetrantes miradas que los suegros colocan en él, la impecable hostilidad que le ofrecen a manera de bienvenida o, sea el caso, la intimidante y desconcertante actitud del hermano de Rose, con una mirada psicópata bastante común y que aconseja, con solamente un vistazo, que se le debe evadir. 

Así, después de una cena que advierte el tono tétrico que la cinta llevará, los eventos se suceden a otros sutilmente, entendemos con la experiencia inmersiva del protagonista, que algo no está bien, casi si estuviéramos ante distintas capaz de realidad y la conexión con la original se diluyera paulatinamente. Éste es el efecto somnífero que Get Out presenta y de una manera efectista, apoyado claro por miradas en primer plano que en verdad desconciertan, aterran, y que además generan auténtica tensión, aunque mucho proviene de una ingeniosa atmósfera apegada al concepto de ilusión. Tenemos el sonido de golpe del piano, porque claro que el piano no puede faltar... Y si a esto le agregamos la hostilidad presente en todos los negros del sitio, las sospechas y las pistas no se hacen esperar. 

¡Huye! es una ilusión completa por sí sola, un momento donde nuestros sentidos son puestos a prueba, pero si soy honesto, es mucho suspense y poco terror. En realidad, la construcción del primero empaña al segundo, pero el tratamiento aquí apreciado es tan adecuado y efectivo, que en realidad hay poca queja al respecto. Más bien podría decir que estamos ante una cinta en la que, si no perdemos de vista los detalles y la lógica natural que, técnicamente, encierra su género, armamos las piezas antes de tiempo y brincamos poco del asiento, si damos crédito a las actuaciones (porque en este renglón la cinta es muy eficiente), todo el marco de la cinta cumple y bastante bien. 



Habrá discusiones en relación a los comentarios científicos de la cinta y la unión de ésta con las religiones de cada familia, pero mi opinión es que Peele se decanta por el lado mórbido de las creencias, llevando su premisa de la psicopatía a niveles dudosos pero creíbles. ¡Huye! se vendió como una cinta con la mezcla de terror y comedia, y pues tiene poco de la segunda. Mucho de lo que encontramos aquí es sugerente; el terror proviene más de lo que sospechamos y sucede "entre líneas" que de algo explícito, un poco al estilo de Está detrás de ti, donde el terror se compone de un conflicto más psicológico que sustancial. Es definitivamente una cinta que recomiendo ver, se burla silenciosamente de los clichés a los que refiere constantemente y hiela con las omisiones que varios personajes presentan; es mucha azúcar para tan poco café, o mucha leche para tan enorme café, pero es efectista si vemos la cinta desde un punto totalmente psicológico y alegórico, y en las breves sorpresas, cumple con asustarnos. Y por esto, Daniel Kaluuya se lleva mis aplausos (también el director). 

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