El Precio del Mañana.

La metáfora perfecta sobre lo valiosa que es la vida.



Quisiera pensar que El Precio del Mañana (In time) es una premisa original, pero Momo de Michael Ende le ganó. Tanto en su versión literaria como en la fílmica, la novela de Ende, también famoso por su Historia sin fin, nos habló sobre lo valioso que es la vida a partir del tiempo, recurso que "escasea" conforme nos sumergimos en toneladas de actividad todos los días. La famosa frase "no he tenido tiempo" (cuando de hecho sí lo tenemos, pero lo invertimos en lo que juzgamos nos da beneficios a corto, mediano y largo plazo) nos ronda en la mente todo el tiempo.

El Precio del Mañana (In time, Dir. Niccol, 2011) plantea la interesantísima visión de un mundo (¿futurista? ¿contemporáneo?) donde la economía ya no es el dinero, sino nuestro tiempo de vida. Es algo verdaderamente creativo -en sus matices psicológicos claro- presentar una historia que nos permite repensar nuestras costumbres, hábitos, sin ignorar deliberadamente lo que la trama enfatiza más con el propósito de dramatizar su relato: la urgencia de las clases sociales. Aquí no es ganar dinero, sino tiempo de vida y por lo mismo sigue habiendo ricos y pobres por igual, corrupción y riesgos, un plano social en el que la honestidad apenas asoma la mirada a las calles bajo el rostro de Justin Timberlake, a quien disfruté viendo interpretar a Will Salas, un "muchacho" de 25 años que pierde a su mamá (sensual y emotiva Olivia Wilde) porque a ésta se le acaba su tiempo de vida (rónico, dramático y brutal a la vez). Y la tragedia ocurre por un sencillo fenómeno que nos carcome a todos hoy día: la inflación. Esa naturaleza económica que a veces ni yo me explico que eleva los precios en todo; oferta vs. demanda, pero esto es agua de otro río así que dejamos el tema de momento.

Lo más importante en la cinta Niccol lo plasma en pantalla: las ganas de expresar, de construir con delicadeza y la suficiente coherencia narrativa un mundo donde las fronteras de ricos y pobres continúan vigentes, pero lugar de conseguir/mantener ese papel llamado "dinero", es recabar tiempo de vida. Y esto conduce a la filosófica cuestión desde el principio de los tiempos: Si pudieras vivir miles de años, ¿qué harías? Tiene poco que ver la siguiente mención: los seguidores de los cómics, especialmente DC, conocen al villano Vándalo Salvaje, aquel cavernícola que por suerte del destino se volvió inmortal tras ser expuesto a la radiación de un meteoro. Hubo un episodio donde confesó que la inmortalidad no es tan deseable como parece. ¿Qué hacer con tanto tiempo? Porque además vivir longevamente acarrea un problema psicológico innegable: la soledad. Son consecuencias que nos avistamos porque morimos, pero la idea, en términos kantianos, es un "lógico absurdo", aquello que puedes concebir pero no materializar. Así pues, la cinta no aborda claramente las consecuencias últimas de estas premisas, sólo se limita a presentar el delineo psicológico de una sociedad hambrienta de tiempo por los motivos que sean.

Timberlake, junto a la de repente aceptable Amanda Seyfried, logran personajes entrañables dentro de sus posibilidades, al mismo tiempo que con ellos el director logra configurar la metáfora de la rica inexperta y el pobre lleno de sabiduría práctica. "¿Qué harías en un día?" Elementos socialistas que caben aquí perfectamente, que dimensionan la trama y gustan, porque se convierten en una deliciosa parábola sobre los riesgos que debemos tomar, aun a sabiendas de que las pérdidas superan las estadísticas. La recreación de este universo es creíble y atractivo. Tenemos al causante de todo el alboroto, un enigmático Henry Hamilton (Matt Bomer, de la serie White Collar) que le da la verdad a Salas (Timberlake) acerca del sistema monetario que rige las leyes de este universo, igual de impactante que el que tenemos; a su vez se unen a las filas del elenco Cillian Murphy como el detective a cargo y Allex Pettyfer como el matón Fortis que sólo busca robarle tiempo a la gente.

¿Mi problema con esta cinta? Que a ratos pierde el rumbo, que no sabe qué conflicto introducir ni cómo prestar atención al dilema inicial: Will perdió a su mamá por las consecuencias del capitalismo futurista de la cinta. Salva al desconocido, éste le da un obsequio inesperado que cambia su situación, pero la matizas con la pérdida del ser querido, su mundo se dimensiona totalmente porque lo matices con el dolor y la oportunidad de hacer algo más, de "marcar una diferencia". Y si colocas villanos -sin arcos dramáticos interesantes- innecesarios, pues la historia sufre de un desbalance. Si a su dilema le insertas la posibilidad para hacer lo que nunca pudo, causa de su status social, dicha oportunidad -regalo de Henry por haberlo salvado-, le añades villano sin arcos dramáticos elaborados, hablamos de una historia que, en esos instantes, sufre de planicie horrible. ¿Por qué dos villanos? O dejas al detective que te persigue hasta el final simplemente porque NO TIENE MÁS motivaciones o al matón que solamente está celoso y busca levantarse a costa de los demás.

Son dedazos en un guion que ya me tenía intrigado/interesado por su sola premisa original: consumir te reduce el tiempo de vida; sobrevive. La vida es dura, así que ármate de planes para no perecer en el intento. Con esto en bosquejo, ¿realmente eran necesarios dos villanos para aproximar el filme a otros de ficción con villanos genéricos? Lo dudo. Sólo sé...que esta película tiene mugre y por eso se posiciona como oro potencial o no de facto

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