Stranger Things. Jugando con Carl Sagan.


Recomendación será una palabra que use por un tiempo, pues al día de hoy me han sugerido diversas series americanas y algunos animé también. En esta ocasión, la puerta abierta es para Stranger Things. Y dado que jalé la manija para recibirla, puedo comenzar por expresar mi agrado -que es profundo- al haberla descubierto (bendito NETFLIX). Estamos ante una premisa que apela a un conjunto de géneros: misterio, ficción, un poco de ciencia y alguno que otro brote de terror supernatural. Digo, si bien esta pequeña temporada de ocho capítulos presenta una oportuna mezcla con estos elementos, no puedo olvidar mencionar que la atmósfera ochentera (todo se narra en un pueblo en Indiana) ayuda a que nos sintamos orgánicamente dentro de la historia. Otra forma de decir "Lo clásico ha vuelto". 

Will (Noah Schnapp) es un niño que después de una noche de juegos de mesa con sus amigos se regresa a su casa en bicicleta (de nuevo, imagínate en un pueblo donde el 80% es flora, fauna, el frío aterra y los fantamas genéticos pueden existir) pero en el camino algo extraño y desconocido lo persigue, algo que tiene extrañas manos puntiagudas (no, no es Johnny Depp haciéndola de scissorshands...) las luces estallan...y Will desaparece. 

Y esto que te cuento son sólo los primeros cinco minutos de una serie cuyos episodios tienen una duración de cincuenta y cinco minutos. Sí. MUY LARGA, pero además entretenida. Después del misterioso incidente del que Will es protagonista pasivo, y que nosotros conocemos como espectadores, es que su mamá Joyce (Winona Ryder) piensa que ha sido otra noche común hasta que se percata de que su hijo no aparece en ningún lado. NINGUNO. Ya ni siquiera hablamos de un secuestro express -aunque ciertamente el "mal" tiene sus modos-, de unos drogadictos queriendo conseguir más hierba o un chico que simplemente se deje llevar por su curiosidad hasta límites insospechados. Aunque posiblemente se perciban referencias a estos ejemplos -no es SPOILER-, hablamos de una premisa que arranca a partir de la ausencia de un ser querido, el motor que desarrolla las motivaciones comunes, a los protagonistas y un ecosistema alterado gracias a los experimentos sucios de cualquier gobierno. Pueblo chico, monstruo sin ojos. 

Visita al alguacil que fuma y coge, pero se preocupa por el orden en su comunidad, acosa a tu maestro (bueno, sólo "en teoría") con preguntas "inexplicables" que sólo te llevan a la verdad, aunque no la creas. ¡Diablos! Ese profesor de ciencias es IDÉNTICO al de Los Increíbles (Dir. Bird, 2004). Muy bien caracterizado, la verdad que sí. Explora sitios, maravíllate con la fotografía, regocíjate en todo los sentidos con la estupenda banda sonora, que te hace sentir como en un cuento de ficción, de imaginación, de creatividad, de suspense, de terror, de...no sé, como si te hubieras puesto hasta atrás con "lo bueno". Esta serie, en el mejor de los sentidos, te hará pasar un rato estupendo tratando de unir sus piezas, y es que la verdad, si soy sincero, los guionistas Matt y Ross Duffer se encargan de que sientas la adrenalina en cada momento, de irte dejando las migas de pan con cada episodio y de que explores otras alternativas, que eches a volar tu imaginación y acompañes a todos tratando de rescatar a Will. 

Una gran novedad es que aquí tenemos es que el alguacil arriba mencionado se convierte en un protagonista activo, que para fortuna nuestra o desgracia para los villanos, cree en lo increíble, un jefe Hopper (David Harbour, a quien estoy convencido de haber visto en la segunda temporada de Smalville...), el cual realmente se luce y ofrece dinamismo a la historia. Y con él llego a una parte importante de este proyecto: la serie te explica muy bien los traumas de cada personaje, expone con estilo su trasfondo, de ahí que decir que el arco dramático es bastante bueno es justo e incluso pertinente. Los hermanos Duffer (como las Wachowski) no juegan contigo, no te hacen perder el tiempo. Te demuestran, con cada escena y brillante manejo de la cámara, que vale la pena escuchar, ver, disfrutar su propuesta, y te aseguro que es verdad. Mismo punto para sus apartados técnicos, como el sitio de rodaje y los efectos visuales que explotan en pantalla. 

Vale mucho añadir que en sus ocho episodios la serie se encarga de criticar sutilmente los estereotipos genéricos, al mismo tiempo que invierte mucho esfuerzo en reflejar con exacta fidelidad las etapas adolescentes que hemos vivido (¡pobre Bárbara!), a las familias, a los papás y la incredulidad cotidiana (el padre ausente, el hijo que trabaja para apoyar a su mamá y el inteligente niño centro de la historia). Juega con conceptos científicos (un universo paralelo). De aquí que, a mi juicio, hayan tomado prestado cualquier libro de ciencia y expandan las teorías físicas que hemos leído aunque sea una sola vez en secundaria o preparatoria. De aquí que tenga problemas con la conjugación: science fiction. ¿Ciencia ficción o ficción científica? O ¿por qué no falsa ciencia? La teoría de los mundos paralelos la conocemos por lo menos de lejos, pero aquí los Duffer le dan un interesante giro ficcional. 

PERO así como tiene sus estupendos aciertos, no negaré que tiene sus flaquezas. Algunos diálogos son sosos, cliché, otros destacan al revelar la psicología de los personajes, y de este mismo modo algunos giros son interesantes, refrescan, pero muchos otros sólo exploran lugares comunes. Misma categoría valorativa para la creación de los monstruos que vemos no son completamente originales. Su diseño es repetitivo, pero no por ello su caracterización comparte el pecado (mención especial a la sangre humana). Y, si prestas atención a la congruencia de las secuencias, encontrarás puntos flacos (¿es que nadie hace funerales cuando la gente  muere? ¿Qué hay de los perdidos? ¿O del brazo roto? Una casa con piscina ¿y los papás nunca aparecen?), pero como con cualquier historia del estilo y género, lo dejas pasar para sentir la adrenalina con la telequinésis y sesos de canivalismo. No lleves tu resortera, mejor hurta una pistola y conviértete en badass.

Estamos ante una propuesta interesante, que tiene segunda temporada confirmada (tienen mi interés capturado) y que parece podría explorar más opciones, con todo y lo que Will sufrió. Saldrás odiando los gusanos, cualquier cosa que se mueva y no tenga ojos, pero también saldrás admirando a los Duffer. De cuál se hayan fumado no lo sé, pero creo que merecen nuestra atención. Por el momento te invito a deleitar tu oído con su composición musical cuyo tema está a cargo de Kyle Dixon & Michael Stein, gracias a la banda electrónica S U R V I V E. 



Comentarios

  1. Okay, seré breve. No poseo el servicio de streaming, cosa que me ha rezagado en el contenido de ésta y otras series en su haber. Me pondré al día, lo prometo.

    Por lo pronto puedo reiterar que Netflix nuevamente vuelve a dar en el blanco con sus producciones originales y que ojalá sigan creciendo en esa dirección.
    Es una pena que tal dinámica no se refleje en las producciones de la televisión nacional. ¿Pero qué se la hace?...

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  2. “El valle de las tinieblas es una dimensión que es un eco o reflejo oscuro de nuestro mundo. Es un lugar de decadencia y muerte, un plano desfasado, una tierra de monstruos. Esta justo frente a ti, pero no puedes verlo. Para entrar... se invoca un camino”.

    Netflix cumplió el sueño húmedo de más de un miembro de nuestro staff: incluyó a Jaime Maussan en el nuevo promocional de la popular serie Stranger Things. En el comercial vemos a Maussan como nunca antes lo habíamos visto: con cabellera negra.

    El serio periodista aparece en su programa Tercer Milenio, pero en los años ochenta (época en la que en la vida real conducía 60 Minutos), presentando su más reciente investigación que busca probar la existencia de seres paranormales.

    https://www.youtube.com/watch?v=FSTm1rM3TcA


    Tienes que hacer una crítica a la segunda temporada.

    Firma Tacos al Pastor

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