El hombre que conocía el infinito. Las matemáticas son el lenguaje del universo.

Es el ocaso de la Segunda Guerra Mundial. En India reside un joven llamado Ramanujan (Dev Patel), quien posee una extraordinaria capacidad matemática, y en contra de las convenciones no sólo de su pueblo, sino del continente hermano, se muestra decidido a probar que la fe y la ciencia matemática pueden coexistir. 

Lejos de ser el tipo de película donde un hombre religioso convence a una comunidad atea sobre ideologías espirituales, estamos ante el tipo que muestra la perseverancia de un hombre por mostrar su valía, aunque francamente, la cinta opta más por el lado emocional que por el científico y socialmente riguroso. Vemos aquí algo similar a lo que pasó en La Teoría del Todo (Dir. Marsh, 2014), sin embargo, personalmente a El hombre que conocía el infinito le encuentro más parecido con Una mente brillante (Dir. Howard, 2002) y quizá un poco de Mente Indomable (Dir. Van Sant, 1998). 

 En El hombre que conocía el infinito hay poca preocupación por ahondar en el rigor social, por costumbres o incluso por insertar una deidad en una cosmogonía concreta -aunque, desde luego, será uno de los objetivos finales-; hay más interés en presentar, a manera de discrepancia, un discurso moderno sobre la prohibición de lo "legítimamente aceptado" por encima del riesgo ante lo desconocido, la preferencia por una negativa general a tener que demostrar el hecho de que hay barreras trascendentales en el conocimiento; en el discurso que aquí se propone, está mal juzgar al ser humano al nulificarlo, pero el conocimiento expuesto debe sustentarse, sin importar cómo surgió. Los antagonistas "teóricos" habrán de rechazar una y otra vez al joven brillante por su arrogancia, en lugar de demostrar la verdadera humildad de la que lo tildan en un principio. Una suerte de paradoja sobre la que columpia la película como único sostén narrativo. 

Veo en la cinta una ligeramente forzada química entre el protagonista y su "inesperado amigo" el profesor Hardy (Jeremy Irons). Lo que comienza como suspicacia intelectual, al final se convierte en una suerte de complicidad y amor por el universo matemático que, como sucede en el género, termina con una mortal e ineludible enfermedad. 

Observo aquí a un joven brillante que es repudiado por una sociedad temerosa de su potencial, de la misma forma en que aprecio a un ser humano combatiendo pusilánimemente un destino inesperado (Una mente brillante), también veo a un hombre que deja todo por conseguir su sueño, aun a expensas de su salud (Mente Indomable). Puede que haya o no paralelismos, pero ahí veo esas referencias, esos vestigios. Dev Patel cumple, Irons también, así como el resto del elenco, pero mientras vemos el desarrollo de la rígidez en la madre del protagonista, vemos la coercitiva actitud colectiva de un grupo de personas incapaces de ver más allá, al principio. La cinta se desarrolla entre la reticencia y las "intuiciones" que el muchacho tiene, todo ambientado en la Inglaterra al final de la guerra. Aunque la atmósfera intelectual traslapa notoriamente a la circunstancia bélica, la discriminación que Ramanujan sufre es reflejo de una época poco tolerante, y eso presenta ecos en el conocimiento por sí. 

Tiene sus momentos emotivos, pero está tan centrada en la discrepancia, que deja de lado detalles importantes del personaje. Se entiende que es una cinta basada en un personaje que realmente existió, pero como con el caso de Stephen Hawking, lo emocional le ganó a la ciencia -¿dónde está la unión? ¡Ah, sí! Ya hubo un británico que las concilió-...

Como sea, es entretenida por el misterio y la filosofía que encierra, pero habiendo expuesto las similitudes de arriba, no la encuentro muy memorable que digamos. 

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