Yu-Gi-Oh! El lado oscuro de las dimensiones. ¡Iniciemos el duelo!


Ante las diversas reinvenciones de los animé en Hollywood -que simultáneamente no parece que vayan a desistir-, nos encontramos con una nueva propuesta entre las historias orientales que más han tenido éxito en el mundo. Tal tendencia está en su pleno auge, por lo que no parece necesario introducir mucho al espectador en la mitología de Yu-Gi-Oh!, ya que la generación de principios de los años 90, en la que me incluyo, creció con el personaje y su historia, como ha pasado con Dragon Ball, Digimon, Pokémon, entre otros. 

En el animé, como alguna vez me contaron, la fórmula narrativa es siempre la misma. Un mal se cierne sobre el mundo recurriendo a diversos elementos (destreza, magia, poder, corrupción, por mencionar algunos) y un individuo honesto, humilde y de gran corazón, será el único capaz de detener la amenaza. En valor narrativo, la cinta juega con la soberbia, la ambición, el poder y esas necias ganas de cambiar al mundo de un plomazo, siendo el ejemplo filosófico de la utopía la excusa para llevar a cabo la maquinación de la historia. 

En este caso, Yu-Gi-Oh! El lado oscuro de las dimensiones se ubica un año después del Duelo de Monstruos, aquel evento que llevó a Yugi a combatir al emperador, desembocando en una inevitable separación física y espiritual. Como es de esperar, la cinta de más de dos horas de duración nos presenta, a modo de motivación circunstancial, las pretensiones de personajes que ya hemos visto intentar alcanzar sus propósitos en el animé. Está Seto Kaiba, Mokuba Kaiba (quien resulta molesto en un par de escenas) y los amigos y leales compañeros de batalla de Yugi: Katsuya, Hiroto, Sugoroku y Rio Bakura. Todos y cada uno de ellos complemetan la historia centrada en el duelista más capaz. Todos lidian con los deberes escolares mientras un mal se avecina y, cuando las cosas empeoran, las habilidades salen a flor de piel. 

Naturalmente, en una historia que alcanza las propensiones narrativas de una película real y que de hecho se torna oscura en su clímax, compensa ágilmente los momentos dramáticos con un trasfondo de personajes bastante bueno, sumado a los acertados puntos de comedia, la mayoría ofrecidos por Katsuya, después por Kaiba. No obstante, pudo haber quedado mejor con puntos de riesgo, economía de diálogos en algunos momentos y la omisión de escenas ridículas en beneficio del ritmo fílmico. 

Nadie sale decepcionado. Hay diversión y risa al ver la película. Al menos así me ocurrió a mí. Es divertida y tiene sus aspectos "ancestrales" (el asunto del emperador es un ejemplo) y cuando parece que la oscuridad tonal de la cinta alcanzará un mayor nivel, el guion introduce el concepto de esperanza combinado al mensaje "Nunca te rindas", para al final acabar todos felices. 

Creo firmemente que tocar el tema de la utopía es arriesgado, y más en un animé que nunca tuvo mayores intenciones que el duelo al estilo pokémon (en el aspecto aguerrido se parecen), sin embargo, pese a su desarrollo y los momentos en que dice "Espera a la batalla final, no te impacientes", la cinta se defiende bien. Es honesta y otorga ese aire de misticismo del que siempre gozó el animé, pero a ratos luce pálida. 


La extensión de la película puede ser un elemento en contra, más porque da la certeza de alargarse y mantener al espectador contenido hasta el final que por la supuesta naturaleza del guion. Hay un peligro real, sí; los personajes son fieles a sus contrapartes originales, sí; que la historia maneja bien la acción, el suspense, el peligro y el humor es indudable, pero estos aspectos siempre han estado ahí. 

Indiscutible, a favor, su parte técnica: la animación sigue creciendo, el 3D luce impresionante y la tecnología demuestra, una vez más, sus maravillas al combinarse con una historia interesante que deja un poco la sensación de mesura, y con ese final, probablemente nos den una continuación más emocionante en uno o dos años. 

Entre lo mejor están los duelos, el respeto al protagonista, el aire de misticismo y la comedia. 

En contra, que está larga y que pudieron haberle quitado al menos quince minutos. 

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