Crítica a Pay the Ghost

Una cinta predecible que se esforzó en ofrecer algo distinto, y apenas y entretiene. 

Las últimas -muy entretenidas, por cierto- películas que llegué a ver de Nicolas Cage fueron las de La leyenda del tesoro perdido (National, Treasure, 2004 y 2007); en ellas este actor ofreció historias de alguna manera reales, pero con ingredientes narrativos muy emocionantes, además de la conjugación de un elenco prometedor. En estas cintas Cage interpretaba a una especie de detective "protector" de "los grandes secretos de la humanidad"; en esta ocasión es una padre de familia, pero uno que hemos visto en otras ocasiones. 

Les pediría que piensen en una mezcla entre Búsqueda Implacable (Taken, 2008) y Misteriosa Obsesión (The Forgotten, 2004). Si ya lo hicieron, bueno, puedo decirles que quizá La maldición de Charlie (Pay the Ghost) parece la "respuesta" a esta mezcla. Un profesor universitario, en Halloween, le promete a su hijo acompañarlo a disfrazarse y pedir dulces, pero imprevistos en la escuela en que imparte lo llevan a retrasarse. Cuando se reúne con su esposa e hijo, sale a divertirse con éste y, bajo extrañas y peculiares circunstancias, el pequeño "desaparece". 

Aquí es cuando el filme arranca, las piezas se desenvuelven ante el espectador y "juntos" acompañamos a Mike Lawford (Cage) en la misión de encontrar a su hijo. Es importante prestar atención a ciertos detalles en la cinta, principalmente para que no le perdamos el hilo -al comienzo, explícitamente-, ya que mucho de eso depende de que podamos darle un sentido y dirección a lo que vemos en pantalla. Si algo resulta claro es que para Nicolas Cage, los días donde ofrecía historias fuertes y complejas, han quedado atrás. Por ello la mención de las películas arriba citadas, porque Cage parece ya no ser capaz de ofrecer historias nuevas, o interpretar personajes memorables, sino que incluso sus gestos, expresiones, rumbo y actuación en general se han vuelto "lo mismo". Ya no presenta variación, diferencia ni mucho menos innovación. 

Los aspectos más rescatables de la película son su banda sonora, que por momentos suena escalofriante y misteriosa; algunos de sus efectos visuales; su esfuerzo por intentar brindarnos momentos intensos, ya que apenas y lo logra; ese "balance" entre terror y suspense que parece más lo segundo que lo primero. En el renglón de construcción de personajes, Cage hace lo posible -o eso intentaríamos creer- por darnos algo sustancial, pero la verdad Sarah Wayne Callies se lleva el premio al personaje más frustrante y Cage el de la irritación por la forma como interactúan entre sí. Vemos los hechos, leemos la historia, sí notamos hacia dónde van las cosas, cada situación, nos reímos de lo predecible, nos arrellanamos en el asiento con los efectos baratos, pero cuando vislumbramos la línea narrativa de la esposa, las cosas pueden resultar fastidiosas. 

Fuera de las circunstancias que vemos venir a segundos antes de que pasen y las actuaciones tan obvias del elenco, la verdad parece una historia, como muchas otras, que toma base de leyendas (¿urbanas?) que todos hemos oído y conocido alguna vez, y con un trasfondo histórico que valdría la pena retomar para corroborar su autenticidad, aunque esto desde luego no es la prioridad para el espectador. Con su evidente "pendulazo" entre terror y suspense, esta cinta vale la pena verla como una oportunidad mínima de diversión; puede que el aspecto visual (efectos) la respalden, porque más allá, es insalvable. 

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