Ella es un monstruo.

La culpa es una compañera peligrosa.



Gloria (estupenda Anne Hathaway) es una escritora que de la noche a la mañana, pierde el equilibrio de su vida: un buen empleo, un buen hogar y un novio ejemplar. Así que regresa a casa de sus papás, de la gran manzana en Nueva York a un pequeño condado. Sumida en la culpa que supone el precipio emocional en que se encuentra, mientras lentamente las circunstancias la llevan a reencontrarse con Oscar (Jason Sudeikis), un viejo amigo y compañero de su infancia, nos percatamos de que la interacción que sostiene con éste es en realidad más tóxica de lo esperado, y pronto descubre que un misterioso gigante apareció de la nada en Seúl, Corea del Sur, trayendo el caos total, todos los días exactamente a las 8:05am. Tras una breve pista se entera de que ese monstruo es ella misma.  

Ella es un monstruo (Colossal), de Nacho Vigalondo -director de Persecusión virtual, 2015-, nos habla esencialmente del apego/desapego que podemos tener/ejercer sobre los demás, y que cuando una relación es tóxica, por los motivos que sean, la culpa puede hundirnos, especialmente si los demás nos arrojan su "basura emocional". La cinta se abastece continuamente de la ironía, destilando gracia, suspense y drama por doquier sin nunca empalagar al espectador, otorgando entonces uno de sus grandes atributos: honestidad y moderación simultáneos, porque también se apoya de lo que conocemos como Teatro del Absurdo. Mucho en lo primero y necesario en lo segundo, cimentando su atmósfera en lo tercero. El Director-Escritor recurre a Hathaway para plasmar  un análisis en torno a las circunstancias que rodean nuestro autoestima, y libertad de ser y hacer. Las dos caras de una relación se presentan pues en este relato: la culpa y la posesión como un método para canalizar nuestras emociones negativas a los demás, seguidos de la consecuente necesidad por definir la identidad propia.

Si por un lado con su antiguo compañero encuentra una "urgencia negativa" sobre cubrir la manipulación y una pequeña fábula oscura sobre el control que se ejerce en otros, esto a partir de los excesos, está, de alguna manera, tentada al abismo de la adicción, el vicio y todo lo que el alcohol ocasione. Con su ex novio se encuentra en el terreno donde el deber ser está a la vuelta de la esquina, ya que con Tim tenemos el ejemplo de vida moderna y, si no te adaptas, te quedas atrás. Aquí Vigalondo muestra cautela y evita la moral sencilla y de fábula prohibiendo en su reflexión  anti-cómica cualquier aspecto que nos conduzca a cavilar "¿Es eso correcto? ¿Es acaso ético?". No, nunca nos pasan por la mente preguntas del estilo, sino que en su lugar el director se esfuerza -y lo consigue- por vincularnos con Gloria, con y a pesar de sus fracasos, de su constante justificación, y de su contra-parte humana más emocional: el deseo de hacer bien.

Llega un momento de la cinta, tras una lectura emocional (porque la película tiene lecturas alegóricas a más no poder) donde Gloria no puede más y, reconciliada con su propia existencia y decisiones, acepta lo que es, lo que ha hecho , y es entonces cuando se levanta, se acepta a sí misma y continúa su vida. Se libera de su co-dependencia entre la vida moderna con Tim (Dan Stevens) y la "mísera" con Oscar (Jason Sudeikis), toma las riendas y se levanta. 

Mientras que con Tim tenemos la representación de lo que la sociedad espera que seamos, con Oscar encontramos una poderosa culpa, frustración y posible odio al no alcanzar lo que queremos y, como suele pasar, culpamos a los demás de nuestro fracaso. Esta lectura es la que en gran medida elabora el relato fantástico que se sirve de los kaijus que atacan Seúl. Una muy buena metáfora sobre cómo, en los momentos más críticos, culpamos al mundo en lugar de hacernos cargo nosotros mismos de lo que nos pasa. Por eso, cuando Gloria toma esa responsabilidad, ve su entorno con otros ojos, cuando se acepta a sí misma, su fuerza humana y espiritual se levanta, se fortalece, se consolida.

Ha progresado.
Porque la idea no es evitar o ignorar el problema, sino superarlo. Y en el momento cúlmen de epifanía, recuerdo -o conexión con su pasado- y aprendizaje de lo que fue, en ese instante Gloria aprende, se cura a sí misma y supera su propia adversidad. 

Aquí la presente idea se vuelve crítica rumbo a la no superación de lo que somos, sino la aceptación de lo que hacemos, sin caer mucho en el melodrama exagerado y sin sentido. Porque, entre otras cosas, Ella es un monstruo, nos habla, además de la carga psicológica de la culpa, el odio, la envidia y el deber ser, de la responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros, del entorno y de cómo las decisiones realmente tienen una importancia real, tangible y que si no atendemos lo que hacemos, la manipulación ajena puede darse, afectándonos seriamente.

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