El Pacificador.

De la injusticia a la villanía.



En las películas de acción de Hollywood, con EUA como defensor y victimario al mismo tiempo, siempre se juega con la idea del terrorismo como sucesor de injusticia, haciendo de éste un excusa ante la desigualdad social. Siempre hay un porqué y un para qué. En esta ocasión, la aventura comandada por dos de las grandes estrellas de la industria cinematográfica, George Clooney como Thomas Devoe y la siempre impecable, talentosa y hermosa Nicole Kidman como Julia Kelly, son aquí dos personajes opuestos y carismáticos que, tras indagar en la situación, se descubren héroes del mundo (bueno, de EUA) al tratar de impedir que un villano ligeramente gris como personaje detone una bomba que podría aniquilar a la mitad de la población. 

Como lo dije. Injusticia, por un lado, justicia equivocada por el otro, y patriotismo a más no poder. Mientras que el último factor inunda el tono de las cintas de acción hoy por hoy, cintas como El Pacificador parecen no poder escapar de la misma resonancia patriótica de la que pecan muchas películas donde el aliciente principal es salvar a los americanos de un crimen perpetrado por el destino. Si por un lado tenemos al villano que no es villano en el sentido estricto del término (sólo un sujeto resentido con la vida y el país de occidente por la justicia no intencionada que disemina a lo lago y ancho del planeta), por el otro gozamos del reparto estelar que hace las veces de héroes pro-activos con cierta "dimensión": personajes creíbles que, de inicio se odian, y al final terminan encariñándose. Justicia porque al final, aunque eventualmente el villano lo pierde todo, encuentra la paz en la muerte, en una iglesia. 

Y como el diálogo que suelta en algún momento de la película "Yo soy un serbio, un croata y un musulmán", la recreación resolutiva que Leder plantea aquí es potente, porque al encarar al villano con los héroes en el entorno religioso, es como aseverar que solamente en lo religioso se encuentra la paz a problemas de corte social: la pobreza, el exceso de armamento americano, la desigualdad, la muerte. Y además, al unificarse en él las identidades de muchas personas muertas, representar naciones del mundo que vienen a parar a América, el mensaje en su carácter identitario adquiere un contexto histórico particular: siempre es EUA donde se viene a vivir y a morir. Y hablar de sentimientos que claramente pueden confundirse con aspectos meramente religiosos (¿respirar? ¿sonreír?) es un reforzamiento al discurso político de que la violencia es únicamente mermada por la gracia y la paz divina (el hecho de situar a los héroes aquí es mero espectáculo). 

Salvo un par de giros esperados y una sola escena cómica, fuera de las persecuciones, los balazos, las trampas y las ganas de cumplir un objetivo que solamente acarrea muerte, El Pacificador de 2006 tiene poco que ofrecer si quitamos lo arriba analizado. La química entre los protagonistas es la esperada y resuelven con parsimonia el desenlace de la película. 

El peligro no se detiene, pero no hay consecuencias graves, y creo que es aquí donde Mimi Leder logra ofrecer el verdadero giro de la historia: son héroes de carne y hueso, inteligentes, eficaces y van más allá, no impiden que el peligro se eleve, pero evitan a toda costa muertes innecesarias y esa clase de humanidad no se ve en todas las películas. Añade frescura y verosimilitud a un tema ya gastado, que es el de EUA como salvador del mundo. Por ello la dirección es eficiente en términos narrativos, y el conocer diversas locaciones únicamente habla bien del presupuesto para fomentar el discurso central negativo de la película: Estados Unidos goza de un imponente arsenal en su haber. Debido a esto, la idea de oriente busque vengarse de la indiferencia del país del norte es crítico, es grave, no es nuevo pero sí importante. 

Al final, todo termina donde empezó: con una nadada en croll mientras un condecorado teniente espera invitar a la bella dama de impresionantes ojos azules cuando el villano (¿o anti-héroe?) puso fin a una vida de dolor incomprendido. Llega tarde su trasfondo, pero colocado al menos en escena clave para entender por qué su motivación. La gran pregunta: ¿qué haríamos nosotros en su situación? ¿Nos dejaríamos cegar por el dolor y la pérdida o seríamos objetivos?

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