KONG: La isla calavera. A un paso entre el mito y la aventura.

Me acuerdo de la entrega dirigida por Peter Jackson hace 12 años. Sí, cómo pasa el tiempo. En aquella entrega, que para mi gusto apostaba por un salvajismo visual un poco grotesco, y en el que la postura principal era el hombre como invasor de lo desconocido, hacía lucir a Kong como algo "inadaptable" e incapaz de ser domesticado y entendido por la humanidad. Ésa fue una de mis lecturas. Claro, soy de la nueva generación y -sé que me reprobarás por esto-, no crecí con el antecedente del King Kong de 1933, ni con las versiones que preceden a las nuevas reinvenciones. Esto incluye a Godzilla. Si miramos con lupa ambas historias (y claro, ambas conforman el llamado MonsterVerse), todo se trata de la irresponsabilidad del hombre por crear destrucción donde sólo hay creación, por dominar aquello que no comprende y, por supuesto, una insistencia por marcar y colocar orgullo donde únicamente hay cobardía. 

King Kong de 2005 me resulta una expresión medianamente poética de este panorama, y Godzilla de 2014, quitando la fantasiosa versión del año 2000 de Rolland Emmerich, tanto Edwards como Vogt-Roberts se encargan de hacernos saber que la mitología que engloba estas historias son una metáfora de hasta dónde puede llegar el egoísmo del hombre sobre la Tierra, con esa penosa necesidad de controlar, dominar y destruir aquello que considera irrelevante. La versión de Godzilla de hace tres años, vergonzosamente más centrada en la mirada humana que en la de la bestia, procuró enfocarse un poco más en la batalla del "Rey de las Bestias" (no sin antes presumir los dotes histriónicos de Bryan Cranston), y Vogt-Roberts, aparentemente aprendiendo de esta táctica visual y narrativa, no demora en presentarnos a Kong en todo su esplendor entre la primera escena y el primer giro de tuerca que la cinta nos ofrece, en la que encontramos salpicazos visuales de acción, muerte y peligro. 

No obstante, en cuanto a desarrollo narrativo, ambas películas lucen como contrapartes exactas: una se enfoca casi completamente en el humano, descuidando un poco a la bestia y la otra hace precisamente lo opuesto. Es por esto que los personajes interpretados por Tom Hiddleston (Loki en MARVEL), Brie Larson (futura Capitán Marvel), Samuel L- Jackson (un GRAN actor), John Goodman (¿viste Avenida Cloverfield 10?), John C. Reilly (de la franquicia del planeta de los simios), Jing Tian (de La Gran Muralla), Toby Kebell (BEN-HUR, Los 4 Fantásticos), entre otros, lucen...como meras piezas sólo por el morbo de ver morir personajes en una historia más interesada en el despliegue de los efectos visuales que en una trama que condense congruentemente todos sus elementos. 

Cada integrante del elenco hace su parte, pero ¿realmente aportan algo? La "pareja" principal conformada por Hiddleston y Larson luce épica y poco romántica; Hiddleston se ve imponente, seguro de sí mismo y hasta galán, mientras que Larson llena la pupila y ofrece un personaje femenino y blando; pero no van más allá. Da gusto ver a Tom en otros papeles y desenvolverse en historias ajenas a los superhéroes. Es un gran actor, carismático y con presencia, pero el guión no le exige más y por lo mismo es un personaje sin un objetivo concreto (más allá de "rescatar" a Larson de la muerte...). Por su parte, y para beneficio general,  Jackson y Reilly son, como se ha dicho antes en otros sitios, el "apartado humano" principal e interesante de la cinta. El primero pasa de ser un soldado siguiendo órdenes a ser un personaje cegado por un recalcitrante deseo de venganza, al que terminas apoyando...u odiando. Y Reilly se convierte en el elemento cómico, pero certero y efectivo cuando es necesario, en una cinta donde el atrativo principal son las bestias. El resto, es casi mero adorno de "A ver a qué hora muere intentando huir". 

 Y ahí queda. Teniendo como contexto histórico las Guerras de Vietnam y la Segunda Guerra Mundial, de donde emergen la mayoría de comentarios irónicos y "críticos", la cinta deambula entre la "reunión" de los personajes y la "caminata" del simio gigante. Hay acción, hay enfrentamientos, sí, pero son mínimos y todo se convierte en una prisa por salir de la isla. Yo diría, como cuando vi MORGAN, de Luke Scott, que aquí faltó argumento, o un desarrollo de conflictos más preciso y organizado, más subtrama, porque vislumbrada de lejos la película luce corta, y contemplada de cerca, tiene vacíos evidentes. 

A un par de semanas de su estreno asistí a una función llena por una audiencia realmente "fusionada" con la historia y los personajes, en cuyo centro veo una respuesta medianamente agradable y donde la emoción se disfruta a ratos, eso sí, generada por -no podía olvidarlo- una composición musical formidable. En otras palabras, uno de los grandes aciertos es la banda sonora, cortesía de Henry Jackman. Para los que sean amantes de todo tipo de piezas musicales, en este sentido KONG: La isla calavera es un manjar inesperado.


Y sí, al final de la letanía de créditos por la producción de la película viene la escena post-créditos que nos anticipa el gran filme esperado tentativamente conocido como Godzilla vs. Kong, en el año 2020. Y viendo la respuesta del público, con un poco de ayuda económica del oriente, creo posible que la franquicia crezca un poco más. 

Lo mejor de la cinta: Kong, el enfrentamiento del final, John C. Reilly, y visualmente, Brie Larson. 

Lo malo: el deseo de venganza del personaje de Jackson, lo corto que luce la historia, el pobre tratamiento de los "humanos"; el guión hecho al "ahí se va". 

Queda esperar a la segunda entrega de Godzilla en 2019, para preparar motores hacia el feroz enfrentamiento, porque, claro, este mundo les pertenece ¿o no?  

Comentarios

  1. Pobre changuito, a mi me encanto la pelicular esta emocionante, yo le hubiera dado 3 Estrellas

    -Tacos al Pastor

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  2. Desde su concepción Kong es un jalón de orejas contra la sed invasora del hombre y su deseo imperialista que cree poder conquistarlo todo, hasta la naturaleza; ya sabemos cómo acaba eso. Pero más allá de eso, es también la oportunidad de transportarnos a otros mundos y disfrutar experiencias imposibles. Inquietud que ha tenido el cine desde que tomó carácter narrativo.

    Tal vez inspirado por Julio Verne y su Viaje al Centro de la Tierra, el Kong de Copper se propone viajar a ese universo prehistórico desdoblándolo dentro de éste y permitiendo a la audiencia escapar de los horrores mundanos en que los sumergía la Gran Depresión. Después de esa NADIE ha podido si quiera igualar la hazaña precisamente porque le han apostado a la parafernalia por sobre todas las cosas sin entender los porqués detrás de esa pirotecnia, porque no han entendido el cobijo que aporta la fantasía más allá de los fuegos artificiales, el que se erige dentro de la historia…

    Dentro de la historia a la que no han podido fraguar y se recargan comodinamente en las luces y el atractivo visual para compensar la esterilidad del relato, fábula sin épica ni dirección y cuya única cualidad es sostener con pinzas la hoja de papel sobre la que se pretende construir torres gargantuescas y ejércitos pantagruelescos dependiendo pobremente de sus alas de moscas, esas que no las podrán salvar de caer al abismo.

    Vale lo mismo un Godzilla escondido entre sobras y nubes de polvo (2014) que un King Kong tamaño Everest y con complejo de exhibicionista si ninguno de los dos puede mirar de frente a la pantalla y pronunciar sin titubeos ni muletillas: ‘éste soy y por esto soy’.

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  3. aunque el guión es malo y la película era predecible, me gusto cuando Kong se enoja y comienza a reventarlos a todos, me hubiera gustado que le invirtieran más presupuesto y creatividad a una pelea que fuera más épica y menos a los disparos y los bombazos.

    -Tacos al Pastor

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  4. Aunque abusaron de los efectos especiales, creo que cumple bastante bien, cuando fui a verla no espera ver ni un gran guión ni grandes actuaciones, lo único que esperaba era ver a un gorila gigante luchando contra todos.Es una película recomendable.

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