Elle: Abuso y Seducción. La violencia como identidad personal.

Una mujer llamada Michelle Leblanc es violada en la que parece ser la cocina de su casa. Acto seguido, el atacante se retira como si nada y ella, en lugar de parecer mortificada y dispuesta a hacer justicia, se levanta, ordena el tiradero producto del incidente, y toma un baño de espuma. La estupefacción se hace presente en el espectador al ver la impasible reacción de la protagonista. El suceso es un poderoso catalizador narrativo que despierta intensas, interesantes e íntimas lecturas psicológicas. 

Hagamos un ejercicio: imagina que es de noche y te pones unos visores para observar "desde otra perspectiva" lo que tienes enfrente. Haz eso con Elle: Abuso y seducción. Es preciso que veamos la cinta con los ojos de un violador, o con los ojos del victimario, o con los ojos de un psicópata que cree que debe violentar a una persona reprimida y compulsiva para llegar a la catarsis necesaria. ¿Ya lo hiciste? Bien, comencemos... 

En Elle: Abuso y seducción Paul Verhoeven, director de Robocop (1987), Desafío Total (1990) o El Hombre sin sombra (2000), nos trae la historia de una mujer con interesantes problemas de represión emocional, egoísmo, violencia (verbal, psicológica, física, visual, interpersonal, corporal, ¡caramba!) cuyo propósito inmediato es despojar a todo su entorno del control, pero a la vez eliminando en él toda sutileza en una malversión de lo que creemos que es el buen juicio. La cinta retrata, con vergüenza en ciertos casos, con excepcional terror en otros, lo que pasa cuando la privacidad, la intimidad y la dignidad son destruidas del modo más vil, vilipendiando de paso a la victimaria; nadie es inocente aquí. Todos tienen un pecado que pagar, y fingir inocencia es el peor de los males. En Elle la vergüenza y el cinismo son el plato del día a día. 

Isabelle Huppert interpreta a una estupenda mujer dueña de una empresa de video-juegos, espacio en el que ligeramente puede canalizar su impasibilidad hacia lo sensible, lo sexual, lo inocuo y lo "abierto". Su familia se preocupa, ella la rechaza; sus vecinos son amables, ella es fría; su hijo se interesa por su bienestar y ella lo reprende; la gente es discreta, ella es directa, cabrona... y tiene un punto. Cada vez que tiene la oportunidad de liberar la culpa, sentir autocompasión, de reconocer la emoción, el sentimiento, se niega, reprime y castiga. Lo sentimos. Percibimos y acompañamos a Michelle en ese dolor recubierto de silencio, notamos la violencia intrafamiliar, porque claro, no puede evitar humillar a los que la rodean si con ello consigue lograr "lo correcto" en su retorcido y mórbido sentido de la moral.  

Porque me parece que el mundo psicótico en el que Leblanc vive no hay espacio para soportes, no hay espacio para el sentimiento, sólo para el orden, y no cualquier orden, sino el orden automático, compulsivo, obsesivo, un orden que no permite azares, emociones desbordantes, porque, ¿qué son la emoción y el sentimiento si no lo opuesto a lo racional? En Elle hay mucho de esto. ¿El caos? ¿Es que reconocer nuestra humanidad es un pecado? Cuando la confrontan, saca las garras, o rehuye, o lanza gélidas miradas. No hay mejor escudo que la evasión, y Michelle lo sabe, lo intuye y utiliza. Y como le dice el atacante en un momento dado "Era necesario". ¿Es de verdad necesario presionar a una persona para que ésta se libere? Ejemplo de esto puede ser la escena del sótano, donde presenciamos un vestigio emocional, un resquicio de luz en un mundo de oscuridad, el universo mezcla de odio, egoísmo y violencia en el que vive la protagonista. Aterra su pusilanimidad, producto de heridas pasadas. En ese momento, situado en la escena que considero la más cínica de toda la película, se halla parte de la verdad, porque Michelle lo contiene y suprime, pero eso no supone que no lo sienta; sólo no aprendió a sentir, a utilizar, a experimentar. 

Y mientras la violación se convierte no solamente en el catalizador narrativo sino en el canal como posible vínculo emocional visto como único idioma para lo latente en ella, el momento en que empezamos a entender quién es Michelle, a partir de este acaecer toda clase de subidas emocionales surgen, y Michelle de repente se encuentra en el torbellino de la confrontación; un brevísimo instante en el que no puede más y gime de angustia, de impotencia, de piedad, grito y llanto que rápidamente se apagan y esconden en su mirada impertérrita. Decadente, indómita. Embardunada de una falsa fortaleza psicológica cuya mayor necesidad es la agresión como probable puerta catártica. 


No salí indiferente de la película, sino con una sensación reveladora de hasta qué punto practicamos la violencia en todas sus formas y la manera en que nos adecuamos a ella. Formas y miramientos con los que vivimos a diario, y modos primitivos o psicológicos que tenemos para "explicar" o justificar nuestras acciones. Y lo peor es que Elle me confirma una sospecha develada tiempo atrás: a menudo confundimos afecto con agresión. Y es que si cada persona tiene modos diferentes de manifestar sus sentimientos, ¿por qué la violencia se descartaría si es lo único que tiene? ¿Acaso Michelle necesita de la violencia para encontrar su vínculo con la verdad, su verdad? Porque en la cinta la violencia es sucedida de la nulificación de la privacidad, como si ésta no fuera nada

Sin embargo, es a raíz de la efímera catarsis psico-emocional que vive que se "purifica" y comienza a revelar sus mentiras, a ser cruel pero honesta, maldita pero directa (esto incluye la tormentosa relación con su hijo, en cuya nuera encontramos una similitud de necesidades emocionales cuya intensidad sólo es espejo de lo que por dentro siente Michelle), sin importar a quién hiera, necesita, aparentemente, de la violencia como anti-represor de sus sentimientos.  Con todo esto, y quizá más por decir, sería un error no admitir la complejidad psicológica de Michelle, deliciosa en matices, seductora, brillante y desgraciada, es fascinante como personaje.

Entre actores actualmente conocidas participan Virginie Efira, a quien recordarás de Un Hombre a la Altura.  Sé que no tiene mucho que ver más que en sus valores de producción, pero el cine francés nos ha demostrado ser valioso en temática (basta recordar Los Coristas).

Comentarios

  1. "Elle me confirma una sospecha develada tiempo atrás: a menudo confundimos afecto con agresión." De todas las aseveraciones ésta es la que más me llama la atención. No porque comparta el punto, ni por estar en desacuerdo, ni siquiera sé si existe alguna postura que tomar al respecto como si de un lado del tablero se tratase.
    Elle, retrata un síndrome, un malestar no de una mujer; de una sociedad. Una sociedad escupida desde las entrañas del útero hippie y que vió girar los engranes revolucionarios de la era comunicacional, de las libertades y los libertinajes, pero también de la competencia. A partir de la necesidad de reconocimiento, más y más minorías se la tienen que jugar contra el trono de fierros (pun intended), tal vez la que más ruido ha generado y con más persistencia ha tenido que hacerse valer es la mujer. Aún hoy la oscura mueca burlona de la misoginia patriarcal, del machismo matriarcal y de la guerra de sexos pretende subrayar perdedores contra vencedores, aún hoy hay que impulsar el factor igualdad como una necesidad imperiosa. Y eso, con tanta competencia, con tanta incomprensión cataliza en violencia.

    Violencia aguerrida que busca su lugar en el trono, que buscará llegar ahí a costa de la sensibilidad, de la empatía y el templado abanico de emociones tan necesariamente humano.

    Y entonces hemos perdido todos, porque al no poder expresar nuestro sentir, al no poder demostrar afecto so pena de fragilidad, de debilidad, la humnidad ha sucumbido presa del demonio Poder.

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