Bungou Stray Dogs: temporada 1. Siempre hay alternativa, ¡así que sonríe!


Había entrado por el mes de junio a una página que anunciaba los mejores animés del año y pues encontré, entre los primeros lugares, a Bungou Stray Dogs. Me dio curiosidad, sobre todo por el manejo del género que ofrecía: misterio detectivesco sobrenatural. y sobre el tono, pues éste pendula entre dos géneros: comedia y acción. 

Me parece adecuado que, para juzgar oportunamente el producto, entremos en materia de la única forma posible: entendiendo el contexto. Bungou Stray Dogs nos presenta a Atsushi Nakajima, un chico que se ve involucrado con la Compañía de Detectives Armados, una especie de agencia especial que pelea contra la Mafia del Puerto y El Gremio, dos temibles organizaciones criminales. Y entonces probablemente pensarás "¿Y las autoridades? ¿Que no hay policía?", pues la historia nos cuenta que los casos contra los que esta agencia lucha son sobrenaturales: en todo se involucran poderes especiales. La policía no puede hacer mucho ya que estos grupos de villanos y nuestro grupo de héroes están conformados por personas que poseen habilidades sobrenaturales.

Un elemento que destaca de esta serie es que el creador de la misma recurre a nombres de escritores japoneses y universales reales para dar vida a sus diversos personajes. El pseudónimo del creador es Kafka Asagiri. Esto quiere decir que no sólo hablamos de las habilidades provenientes de diversos pasajes literarios reales  -incluso como referencia a las obras que aquí están plasmadas a manera de inspiración-, sino que hablamos, con todo y la comedia y acción alternadas, de una serie que promete una mezcla de Literatura y Shonen. Visto así, ¿es posible que exista algún otro animé que ofrezca algo similar? 

Aprovechando el espacio de análisis sobre un animé que, con todo el riesgo del mundo, me atrevo a decir que PUEDE destacar por su propuesta e increíble animación, desmenuzaré la premisa en sus componentes esenciales para pregonar la maravilla que, al menos en un primer intento, se desplegó ante mí a lo largo de 12 episodios. 

Para no hacer esto innecesariamente largo, las lecturas esenciales que extraigo de este animé son las siguientes: como inicio, todo gira alrededor de Atsushi Nakajima, un muchacho que vivió toda su vida en un orfanato, del cual fue expulsado por haber sido considerado una amenaza para los que lo rodeaban (y como en este animé abundan los mismos sobrenaturales, esto no es causalidad). Con el paso de los episodios se nos cuenta que este personaje tiene la habilidad de convertirse en un Gekka Ju, que significa "la bestia bajo la luz de la luna". En palabras simples, se transforma en un poderoso tigre blanco. 

Su pasado, que es mostrado a manera de flashback en diversos momentos de la serie, aunque sea necesario como trasfondo, a veces llega a cansar por lo repetitivo. y la historia arranca formalmente cuando conoce a Ozamu Dazai, que si bien no es el protagonista, termina siendo el elemento más carismático de todo el ensamble de personajes, debido a su humor, cinismo, aventura, perspicacia, entre muchas otras características, que resultan en un impecable balance psicológico que permite gozar entre la vulnerabilidad y locura de un personaje, como su astucia y confianza. A este respecto, la temporada 1 tiene tanto momentos de humor como de acción y peligro, pero, por el lado de la comedia, me atrevería a decir que el mejor chiste está en el episodio piloto. Una escena natural, brillante, que seguro te arranca varias carcajadas. Y dicha escena incluye la participación, también bastante cómica, de Doppo Kunikida, la antítesis temperamental de Dazai. Este par ofrece el mejor humor universal que jamás haya visto en un animé, pues el conjunto emocional que compone cada uno de sus encuentros, se percibe cotidiano y cercano, haciendo la conexión con el espectador más íntima. 

El piloto fue estupendo al construir el arco argumental, y el segundo pareció decaer un poco en ritmo y expectativa, sumado a los episodios 3 y 4 que no me convencieron del todo, pero afortunadamente es a partir del episodio 5 que las aventuras arrancan: el misterio crece, la aventura mejora, el riesgo prevalece y el correcto desarrollo de personajes no se hace esperar. Sin embargo, lo más importante permaneció con el espectador: la historia de Atsushi. El guión de este animé puede presumir una narrativa alternada entre ver cómo la confianza del protagonista crece y cómo sus jefes y compañeros van acompañándolo en una travesía que incluye aprender a confiar en sí mismo, además de contar con personajes excesivamente amables como Kenji Miyasawa, en quien podríamos ver el lado poderoso de la seguridad y la honradez, aunque su participación la encontremos muy al final, y a Kyouka Izumi, en quien Atsushi encuentre una oportunidad para devolverle a la vida el favor que Dazai le hizo alguna vez: creer en la esperanza en los tiempos difíciles. Así, su ciclo emocional se acompleta y encuentra un nuevo sentido en Izumi. El encuentro que Atsushi tiene con este personaje es revelador, y marca un parte-aguas en su psicología. Sin revelar mucho, ve en ella una oportunidad de reivindicación, situación que en dos escenas es demostrada y bien plasmada con elegancia. Porque, como se dice, "págale a un tercero lo que otra persona te dio antes". La vida es Karma. La vida es un juego. La vida es valor, y hacer algo cuenta mucho...aunque no se diga. 

Bungou Stray Dogs toma en cuenta esta noción, no la deja escapar, sino que la transforma en una de sus principales virtudes, y con Atsushi al frente, busca hacerla contundente; una máxima. Y, me pesa decirlo, su acción me llega poco, y como ejemplo está uno de los enfrentamientos del final, que incluye al poderoso Ryunosuke Akutagawa, de quien espero ver más en la segunda temporada de la serie. Con Akutagawa, que necesariamente involucra a Atsushi en una especie de catarsis emocional, revela más de lo que parece: revela un trasfondo con Dazai, revela la debilidad humana, nos cuenta, entre susurros narrativos, cómo crece un alma que ha sido presionada hasta el límite para sacar su potencial, y cómo, cuando el esfuerzo correcto es bien enfocado, todo se desmorona, y surge la esperanza. 

Y además de la esperanza está la lealtad a lo que somos, a lo que fuimos y lo que seremos, y lo más importante (y lo hemos visto en cintas animadas): convierte tu debilidad en una fortaleza y no habrá quien te pueda herir. Una verdad con la que estoy de acuerdo, aunque no descarto un Plan B, pero no negaré que la voluntad es un arma poderosa, y en cualquier situación, vale oro. 

Ahora bien, con los episodios 3 y 4, el trasfondo repetido de Atsushi, y la molesta -aunque coqueta- incorporación de los estereotipos sociales, Bungou Stray Dogs en ocasiones flaquea, y flaquea duro. Es una bendición, en este sentido, que la premisa del amor flote de una manera sumamente leve en la temporada, punto de vista que jamás permite la auto-ironía de este animé, o que incluso sea visto como un chiste gastado en sus puntos críticos; el hecho de tener esa nube romántica bailando y brincando entre las diversas subtramas no me molesta en sí, sino tener que verla como una breve pincelada que se le escapó al Picasso de la historia como un esfuerzo por apaciguar el drama que, a ratos, le integra a la historia. Si determinado personaje sabe que le espera un destino inaludible, ¿por qué desentenderse de ello y aplazar lo irremediable? Es como querer ver una fotografía física y tener dedos ajenos que me lo impidan. Molesto, había que decirlo. 

Estos elementos forman parte de la historia, para bien y para mal, pero si tan sólo los quitáramos, Bungou Stray Dogs termina siendo un animé, una historia singular, divertida, retadora, atractiva y envolvente. Y de verdad la recomiendo. Es por ello que, debajo de la calificación que le otorgaré, te dejaré el enlace para que accedas a los episodios y puedas disfrutarlos como lo hice yo. 

Enlace: 

Comentarios

  1. Gracias por el enlace. Ya terminé de ver esta primera temporada (¿desde cuándo usan ese modelo en Japón?) y suena interesante, en el sentido de como combina ese mundo portuario provincial con la magia. No es raro ver comportamientos mágicos, sobrenaturales o extraordinarios convivir con la mundanidad del Nippon. De hecho ese guiño a realismo mágico ha logrado que latinoamenrica arrope las producciones del país del sol naciente mejor que muchas otras zonas geográficas a donde se exporta el producto animado.
    Esta primera parte-temporada, es más bien una introducción a los personajes, primeramente de la Agencia aunque también se detiene un poco del lado de Port Mafia, como manejando una dicotomía balanceada en un juego entre amigos donde el lazo de equilibrio radica en Dazai, divertido a morir (cuanta ironía). El protagonista es evidentemente Atsushi quien en más de una ocación me recordaba a Shinji Ikari con sus dudas existenciales, sus complejas lealtades a veces encontradas contra su propio bienestar, su seguridad y su impulso adolescente de adolecer. Lo grato es ver esa misma dinámica impregnada de mucho humor (desde el más inocente hasta chistes picantes y el hilarante humor negro de la Doctora Akiko).
    Coincido en que el lado de la acción, aunque a veces se tilda de gore, está demasiado exagerado para sentirse violento en el extricto sentido, es como las cubetadas de splash blood a la Tarantino donde la sangre es más estética que agresiva. Además de que las referencias literarias no me resultan particularmente asociativas a la obra sino más bien un capricho del creador; como sea se agradecen tanto los juegos de palabras como los vistazos interculturales.
    Al final puedo decir que es una comedia shonen con algunos personajes todavía por desarrollar y una mejor definición de la trama (en especial la que gira alrededor de Dazai). Tiene un score que cumple y muchas veces recurre al leitmotif de los personajes con sumo humor. NO es lo más original que haya visto —y menos aún en anime— pero se antoja disfrutable y ciertamente recomendable, incluso para los no tan otakus.

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