Bajo-Cero




Por debajo de su premisa. 








Por EdSQ

BajoCero es una de esas películas mega-esperadas aparentemente consciente de la expectativa cosechada antes de su estreno. El primer tercio de su metraje parece dar esa impresión, tanto por el buen manejo del suspense como del cuidado al detalle psicológico disperso en los múltiples diálogos de los personajes que vertebran el relato. Y es que la premisa relativamente simple: dos policías (uno de ellos el que encarna Javier Gutiérrez) viajan en un furgón una gélida noche de invierno para trasladar a un grupo de presos, hasta que un inesperado suceso les impide seguir adelante.

 


Ya para cuando la acción arranca y llegamos al primer giro de tuerca que sirve de base al conflicto, el misterio va diluyéndose poco a poco: alguien ha truncado el viaje de los dos policías. No sabemos por qué, lo que aumenta la tensión; sabemos que algo ocurre y descubrirlo será parte de la historia. Y para rematar, ante la evidente incomunicación con las autoridades debido a lo hermético del clima, el policía principal, de muchos “cojones”, sale para averiguar qué ha pasado.

 


El tiempo pasa y Martín intuye que algo extraño ocurre, ya que ni la patrulla que los escolta en el trayecto, ni su compañero, parecen dar señales o contribuyen a esclarecer al misterio. Así que cuando Martín embarca a la oscuridad del trayecto, descubre que enfrenta un peligro inesperado. Y es justo ese problema con esta cinta: no sólo es un peligro inesperado, no cuaja del todo con la naturaleza de la cinta ni, mucho menos, es algo realmente digno para ser considerado un conflicto en una película que me mantenga al borde del asiento. Así cuando las cartas han sido puestas son la mesa tras varias migas de pan en el camino que me llevaron a conjeturar de qué va esto; por un lado, siento empatía hacia el villano y, por el otro, no evito decepcionarme, pues esperaba algo más de tensión psicológica, algo mucho más contundente, no sé.

 


Aunque Javier Gutiérrez está estupendo, manteniéndose como el gran actor que es al igual que el resto de los actores que lo acompañan. Todos divierten cuando tienen que hacerlo; aportan esa pisca de drama, suspenso, comicidad y acción contenida a los márgenes del relato, el cual no sufre nunca de saturación alguna en ningún sentido. Eso sí, como nota al margen, tiene algunas breves escenas muy gráficas en relación con el tipo de violencia que la narrativa cuenta para generar impacto en el espectador. Por lo demás, el cruce de “villano” y héroe permite reafirmar la idea social ya desgastada de que el sistema legal está podrido.

En una película dedicada a ver las decisiones extremas de un personaje que intenta hacer lo correcto en sus límites, es un discurso rancio. Lástima que poblara el esquema. 


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