LIBRO: La Catedral del Mar.

Hay más riqueza en la oscuridad. 



Como lo expresé recientemente, toca el turno a una de las obras más significativas de Ildefonso Falcones y como antes, es una obra que re-visito de nueva cuenta (la primera vez fue a finales de 2014). Y en mi segunda visita quedo maravillado por su profundidad, encantado con su imaginación y gustoso, pues me quedo con varios aspectos que abordar. 

El primer acierto que veo en esta novela es el inteligente juego que muestra con la empatía hacia los personajes, sus secretos, deseos, motivaciones, justificaciones y, sobre todo, psicología. Esto, evidentemente, contribuye a un muy oportuno desarrollo de personajes; Falcones nos conduce a lo más hondo de sus almas. No se trata nada más de amarlos u odiarlos, sino por qué. Verlos crecer, ser, acompañarlos en sus decisiones, sus caídas, sus aciertos y su contribución como individuos; entender y saber por qué reaccionan como lo hacen, qué motivaciones, qué vivencias los configuran es parte de la inmensa riqueza de este libro.

En esta configuración humana que el autor hace de los personajes, de su psicología y su plenitud como tal, encuentro paralelismos con las obras clásicas; la historia decide explorar más la mente del desdichado, del pobre que la del opulento, el privilegiado y constantemente amenazado por el balance social. Por esta razón, La Catedral del Mar es una obra rica en matices, deliciosa en vivencias y abrumadora en su lado más oscuro, pero absorbente en todos sus ángulos; una estupenda crítica social Y económica. Gracias a su formidable construcción emocional, no solamente de personajes, sino también de escenas, me hizo llorar reír, ejercer opiniones morales, personales, religiosas y espirituales. Y es que si tomo en cuenta el contexto de la historia (Barcelona medieval), es natural ver la sombra de la religión como un enemigo más a batir para Arnau (protagonista final de la trama).

En realidad, el amor es una constante secundaria en la obra; Falcones decide primero invertirse en el drama que acompaña a Bernat (siervo de la tierra y esclavo del Feudalismo), para después ingeniárselas y pasar la óptica a su hijo, no sin olvidarse de narrar constantemente las dolencias que los acompañan, recurriendo, para ello, a valores negativos como la envidia, el rencor, el coraje, el miedo, la superstición...,etcetera.

Si algo me gustaría reclamarle a la novela es que idealiza un poco a los dos personajes principales (los maneja como excepcionales en sus disciplinas), restándole parte del gran realismo con que baña a la historia; por ello, algunas me parecieron un poco ilógicas o "demasiado buenas para ser verdad".

Qué decir de los personajes en sí, de sus desventuras (Arnau & Maria o Arnau & Mar), del odio infundado (Margarida, Genís, Elionor...), del amor transformado en rencor y luego en perdón (Aledis, personaje que eventualmente adquiere mayor importancia para la trama) o bien de las figuras institucionales (Nicolau, Joan, entre otros.) o del símbolo de la amistad (Sahat/Guillem). Hay en la historia un aire de esperanza como punto final, adecuado y bastante placentero; pero no olvido la desesperanza que exuda la obra en sus propósitos finales: explorar la sociedad del siglo XIV.

Una vez establecida la ambientación histórica, la profundidad crítica de la obra no se hace esperar; Falcones nos narra el momento en que la mujer es tratada como objeto sexual/ser inferior; con este telón de fondo su manera de narrar la sexualidad, su despertar, la adolescencia, termina siendo seria, interesante y exhaustiva. La novela también narra el comienzo/avance de la economía mundial, de la sociedad y sus reglas, de cómo hemos avanzado muy poco en mucho tiempo, señalando los miedos sociales, económicos, políticos, religiosos y, sobre todo, humanos; su punto de vista nunca dejar de ser el individuo (Arnau), pero no se olvida de matizarlo en sociedad (instituciones, trabajo, colectividad). Es cuando Falcones hace un alto e introduce con prudencia su habilidad para adentrarse en la piel del personaje en turno, dotarlo de inocencia o maldad, curiosidad  o peligro, ignorancia o bondad; es brutal, ¡espectacular!

Es una obra que me alegró re-leer por las razones ya comentadas y porque me parece que Falcones es sumamente habilidoso para nunca (en serio NUNCA) perder el ritmo con sus personajes, con su tratamiento, su arco dramático-emocional y, naturalmente, con la historia. Cierro los puños cuando la injusticia toma parte en la trama, lloro cuando los personajes se subliman, me alegro con el humor esparcido y funjo como juez cuando uno u otro afecta al protagonista. Pero de nuevo, es hermoso el tiempo que Falcones dedica a delinearlos, a dejarlos ser, a verlos crecer y decidir su futuro.  De momento le mando un aplauso a Falcones por haber escrito tan cautivadora historia, por alegrarme, por hacerme sentir parte de la vida de Arnau Estanyol y por confiarme su alegría, su desdicha, su amor, su pasión y su motivación. El final me parece ligeramente abrupto, me habría gustado saber más, pero... para eso está la continuación, de la que platicaré muy pronto. 

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