Crítica a How to train your dragon



Destacable, con una historia y moralejas bien construidas. 


Escuché que la historia en sí es muy buena, tanto que se prepara una tercera entrega pronto o eso fue lo último que supe. Debo admitir que fue por recomendación ajena que me animé a ver esta primera parte. Y ahora que lo hice, la segunda se antoja más. 

Lo primero que puedo decir es que ésta parece una cinta que presume ser predecible, especialmente durante el primer acto, pero que termina por sorprender gratamente al espectador conforme la trama se desarrolla. Si bien la historia tiene como atmósfera un elemento familiar y que llevan a compararla con otros filmes, es verdad que éste logra separarse y trascender. 

Ese elemento, debo aclarar, parece ser la premisa del individuo que se empeña por pertenecer a las costumbres específicas de su comunidad y con el paso del tiempo descubre que su destino, o sus habilidades, terminan llevándolo al camino opuesto. Esto lo percibo especialmente con la narración principal, que da ese aire de mitología, fantasía propia y estereotipo social esperado en una película que combina los géneros de acción y comedia sin llegar a perder el rumbo. Pero ¿realmente es genérica? La respuesta es NO.

De la historia es mejor decir poco para invitar a descubrirla si alguien que lea esto no la ha visto aún. Conozcan a Hippo, un muchacho adolescente que desea ser tan buen Vikingo como su padre y el resto de sus allegados, pero que tras toparse con un "Fiera Nocturna" (un dragón de singular personalidad), las cosas marchan de forma diferente tanto para él como para los demás. 

Dicho esto, tiene sentido que mencione que en cada secuencia se percibe la construcción de un guión astuto, lleno de vicisitudes, lo que le permite al espectador ir juntando las piezas de la trama, ya sea que acertemos o que nos equivoquemos. Tengo que admitir que es una historia realmente emocionante, pues aunque no luce en principio original, termina siéndolo en cada uno de sus componentes: personajes, trama y moraleja. 

Estas cuestiones, médula de cualquier propuesta narrativa, se levantan de tal manera que uno no puede evitar sonreír cuando el clímax llega. Además de que por el lado técnico (y no soy ingeniero en computación ni nada por el estilo) la película goza de una innovación creíble pocas veces vista en el cine, ello aumenta y presume tal precisión, tal profesionalismo (me refiero a las texturas que se perciben) que es imposible no aplaudir ante este logro. 

Pero esto no es todo. La trama de la película es realmente maravillosa y lo digo porque logra un tratamiento redondo en los temas que, me parece, aborda con soltura: la confianza personal, la relación entre un padre y su hijo, la humildad para reconocer las fallas personales, las creencias que una comunidad puede tener, nuestra valentía, la curiosidad por saber más y la convicción de que las cosas pueden no ser lo que creemos al comienzo. 

La música, compuesta por John Powell es fenomenal, extraordinaria, suave, emocionante ¡vaya!, simplemente espectacular. Su correcta inserción hace que disfrutemos más de cada escena y de que nos sintamos dentro de la historia acompañando a Hippo. 

Así, Hippo es capaz de demostrarle a su papá y al resto de su tribu la verdad detrás de las acciones de sus "enemigos ancestrales", para al final tener el valor, el coraje de seguir sus principios y mantenerse de pie en todo momento. En conclusión, es una historia magnífica, muy recomendable y que valdría la pena ver muchas veces seguidas. 

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