El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo.


 



La tercera entrega de la saga iniciada por James Wan ofrece un tono y atmósfera distintas bajo la dirección de Michael Chaves que no la afectan necesariamente, pero tampoco le permiten cerrar el ciclo con la potencia que debería como cinta de terror.






PorEdSQ

Después de una estupenda primera parte, llegó la secuela comercial que gustó, pero no encantó. Ahora la tercera pretende cerrar el ciclo. ¿Lo logra? La primera secuencia tiene la intención de devolverle a la franquicia ese toque de “terror inesperado” que había perdido un poco en la segunda entrega. Si le sumo que en sus spin-offs la franquicia creada por James Wan había decaído notablemente, sustituyendo el terror de sustancia con notas musicales y juegos de luz y sombras que aportaban poco a la trama, aquí Chaves (quien dirigió La Llorona) entrega un producto poco más que aceptable, lo que en otras palabras podría ser que es una cinta de terror… que asusta poco. Los pocos momentos no predecibles sacan el brinco del asiento, pero no el grito.


Sacada (como siempre) de los expedientes Warren, esta entrega sigue el caso de un niño de 8 años aparentemente poseído de una forma que ni los famosos demonólogos se explican. Así que, desde ahí, está el misterio esperado para la cinta. Ya después el suspense in crescendo llega, apoyado por lentos sonidos y, de pronto, la acción, los efectos especiales y la primera aparición del mal en turno. Golpes aquí y allá, momentos de tensión, muerte… y el famoso momento de “yoga demoníaco” del niño de ocho años (del que han surgido cantidad de MEMES al respecto). 


Para mis adentros “¿Tan flexible es el chico? Porque recuerdo que la escena de cuerpo doblado literal de El Exorcista no fue efecto especial, la actriz que salió en la gran cinta referencial estaba físicamente entrenada para toda la parte acrobática de la película”. Bueno, cierro el paréntesis. El caso que esta escena prologuista es todo lo esperado en la película que enuncie el gran mal al que se enfrentarán los demonólogos y… es justamente ese el problema. Como fan no purista de la franquicia noto un “desprendimiento” a la esencia de lo que hizo a El Conjuro LA película de terror de una década, de una generación. Están los elementos, pero… falta algo. 


En la primera encontré una estupenda historia sobre una familia siendo acechada por un demonio. Sin embargo, fue toda la naturalidad, todo el guion lo que convirtió a esta película en un producto memorable. La segunda se alimentó de eso para ofrecer lo mismo con un toque de singular misterio y un giro de tuerca ingenioso y descarado.


Para esta tercera parte… en mi opinión no hay un “conjuro” titular como en las ocasiones previas (bueno, en la segunda parte es un enfrentamiento de Lorain Warren versus la famosa monja), ahora estamos ante una villana bidimensional que, sin explicar sus motivaciones, debe entregarle al demonio un alma y todo a partir de un plan fraguado para engatusar a un joven prometido de una familia. Los Warren, una vez más, deberán resolver el caso, identificar el mal al que se enfrentan y liberar a una familia de la presencia demoníaca. Así de simple suena bien, el detalle está en que la ejecución del guion dice más: investigación de muerte, posesión demoníaca, problemas personales, una hija seducida por Satanás, un exsacerdote con un secreto… mucho para una película ¿o no?

 


El Conjuro 3: El Diablo Me Obligó A Hacerlo no habla de posesiones, en el fondo habla de maldiciones. Solamente que el aditivo que un servidor consideraría un “plus” es que en esta ocasión es que la villana a la que la pareja protagónica se enfrenta es alguien inexplicablemente astuto, mortífero y sagaz. Que termina perdiendo es otro tema, pero está ahí. Y pues salgo de la sala con la sensación de que me asustó, pero no me aterró. Me gustó, pero no me encantó. ¡James Wan! Debía ser el sexy Aquaman el que te impidiera entregarnos una estupenda tercera entrega ¿verdad? Rayos... Bueno, espero regreses par continuar liderando este universo como lo has hecho desde 2013. 


¿Vale la pena esta tercera entrega? Sí, no es la mejor del género ni de su franquicia madre, pero sí entretiene lo suficiente. Además, la química de sus protagonistas es indudable y, como pasa en las previas entregas, ellos son los superhéroes de la religión, los que derrotan a todo mal. Perdona sus ofensas señor. Amén. 

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