SICARIO 2: SOLDADO

Noticias reales vueltas película.




Sicario: día del soldado, hay que decirlo, es una cinta con mucho de la anterior y algunos añadidos que pueden cuajar o distraer para el propósito de lo que nos trae la secuela. Todo queda a juicio del espectador. Si en la primera todo interés por expresar una idea giraba en torno al contexto político del narco-tráfico y la manera en que las guerras se abordaban en plena calle, con algunos civiles de por medio, para la secuela el peligro de lo real estriba en la venta de personas en la frontera entre países, ocasionando y reiterando el consabido jugo de poder entre mafiosos y organismos gubernamentales.

Adicionalmente están los atentados inesperados en centros comerciales o lugares públicos que no hacen más que incrementar la gravedad de los eventos ocurridos, remarcando solamente una idea: la seguridad es una mentira y los juegos de poder, que incluyen al gobierno, son los verdaderos "dueños" del país.

A ojos de un servidor es una situación bastante crítica la que vemos en las noticias, que -siempre he creído- están bastante manipuladas a ojos del espectador para evitar que cunda el pánico. En ese sentido, el terror que vivimos en las calles es más intenso de lo que aparenta. Y si aquí Sollima lo sitúa en las inseguras circunstancias de lo que viven los migrantes/inmigrantes; ahí sitúa la mirada analítica acusadora, puesta anteriormente en las esferas de poder y soldados que únicamente deciden seguir respirando por obtener justicia, aunque sea a mano armada.

Pasa a ser una trama principal de Soldado el secuestro de la hija de un mafioso poderoso que, puestos los giros de tuerca e imprevistos en el guion, conduce a Alejandro (Benicio del Toro -participante de la anterior-) a secuestrarla clandestinamente y luego, por azares del destino, a intentar liberarla. En ese trance, los diálogos y la oscura fotografía hacen ver de cuidado y de terror real a Soldado, que aunque es una cinta llena de suspense dicho y terror en silencio, no deja de mostrar el negro en el arroz, aunque sea diluido por los giros de tuerca. 

Aunque es intensa y magistralmente dirigida, presenta subtramas (los inconvenientes del secuestro, la balacera al final, el dilema ético que presenta el personaje de Brolín) que distraen un poco del argumento principal: el tráfico de personal en la frontera.

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