COSMÓPOLIS.

Mezcolanza de ideas.



¿Cuántos libros se adaptan al cine anualmente? Ciertamente muchos y para la ocasión que nos ocupa, en 2012 se adaptó una novela de corte socio-filosófico escrita por Don De Lillo -que no he leído- y dirigida por David Cronenberg, quien le da el protagonismo a Robert Pattinson para construir el personaje de Erick Packer, un muchacho de 28 años que un día cualquiera, decide recorrer la ciudad para cortarse el cabello.

Es con este "viaje" con el que conoceremos a diversas personalidades que matizarán los momentos más íntimos, sexuales y reflexivos de Erick, desempeñado correctamente por el entonces vampiro de la saga juvenil de Stephanie Meyer. Es vital destacar y esquematizar el complejo nivel narrativo de la cinta, en cuyo nombre (Cosmópolis) encuentro la perfecta metáfora de la multitud de universos cognitivos, psicológicos, interpersonales, humanos y sociales que pueden rodearnos. Sorprende más que por medio de la simple trama de un corte de cabello Cronenberg logre desprender una infinidad de ideas que van desde los orígenes intelectuales de la ciudad hasta las razones por las que Erick busca su autodestrucción; incluso a costa de su adusto semblante, Pattinson logra encarnar a un brillante y opulento joven con intenciones más astutas de lo que aparenta.

Tomando en cuenta la sutil atmósfera de la cinta, que se sitúa en la llegada del Presidente de los Estados Unidos a su ciudad, y la muerte de un músico venerado por Erick, el ritmo y tono que el director le imprime a la cinta está llena de simbolismos que valdría la pena revisar más de cinco veces. Y como toda película que no se mortifica en abordar temas sociales, la economía no falta e inunda muchos diálogos en la película, siempre apoyándose de la psicología y, Cronenberg, en su efectiva puesta en escena acompañada de un refinado diseño de producción.

Un gran elenco tenía que hacerle soporte al protagonista, contrastando su personalidad y a la vez enriqueciéndola con ángulos psicométricos interesantes. Causa la intrigante sensación de que cada personaje revela una faceta oscura del protagonista, impulsándolo más y más hacia su objetivo. Y es que se trata de un personaje perfilado con plena y profunda conciencia de su entorno, provocando poca inmutación en él, como si supiera por adelantado lo que ocurre y por qué ocurre. La observación es un arma filosa, aguda y poderosa, no cualquiera la posee y Erick, al viajar en su limusina, se dota a sí mismo de esa capacidad, a la vez que con sus acciones reconoce sus defectos, los abraza y así se "mezcla" con su mundo, el entorno y lo que sigue. Y lo que sigue es precisamente lo que enuncia la película gracias al desempeño de Pattison: Erick es un hombre que, al tenerlo todo, se descubre carente de lo más importante: sentido.

Por eso la película se puede ver con diferentes ojos y nunca decepcionar. Quizá no permanezca del todo y para todo en el inconsciente colectivo, pero se queda sin lugar a dudas con el adjetivo de interesante. 

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