La La Land: Una historia de amor. ¡A bailar!


Tengo que admitirlo, no. ¡Tengo que gritarlo! Bueno, no creo que sea para tanto, pero sí va por ahí. Y es que Damien Chazelle (Whiplash, 2015) lo hizo de nuevo. Y para bien. No sólo estamos ante una obra que puede presumir lo que sea, sino que además abre con elegancia, estilo pegajoso y una potente energía su aportación, su epístola romántica a un género con el que el cine siempre se ha llevado bien: el musical.

La La Land: una historia de amor llega a la cartelera nacional para asombrar a personas de todas las edades, con su vivacidad, con su energía, con el clasicismo que rebosa en cada una de sus escenas, secuencias, no ¡montaje! No podría olvidarme de su escenografía. ¡Qué va! De su historia, bella, romántica, nostálgica, sentimental, realista, emocionante, cruda, pero sobre todo, humana. Damien Chazelle. Sinónimo de una leyenda visionaria, inminente. Sabio cineasta. Escritor de corazón. Sentimentalista agradable, romántica hasta decir basta. Escribe y dirige una historia que se cuenta con el corazón, con el valor de narrar, por un lado, la importancia de los sueños y de lo imprescindible que es no renunciar a ellos, no por más que dura que sea la lucha, y es que a eso venimos, a cumplir nuestros sueños. Por el otro lado, se encarga de retomar los clásicos del jazz de una manera que es casi imposible no sentir el ritmo, sonreír y bailar la pieza musical. 

La película presenta impecables escenografías, ritmos, diseño de vestuarios, números musicales, montajes con una impecable y clásica fotografía que recuerdan al cine de época, y que por momentos roza el cliché de una manera exquisita. Especialmente porque dices "Correcto, esta puesta en escena la he visto en algún otro lado", y al instante te llegan a la mente una docena de películas, pero la dirección general y de arte es tan espléndida, que te da igual la alusión, al final terminas disfrutando el imponente y refinado espectáculo visual. 

Ryan Gosling y Emma Stone entregan papeles estupendos, empáticos y humanos. Ambos, en su narrativa amorosa, son las dos caras de una moneda, especialmente en la trama de la vida real, donde alcanzar tus sueños muchas veces puede suponer renunciar a todo lo demás. La química de sus personajes es simplemente estupenda. No tengo quejas; son graciosos, berrinchudos, leales, aprenden a dejar ir, se pelean, discuten, son sinceros y "de madrazo", pero así es la vida real. 

Y no es lo único. La La Land no sólo habla de nuestros sueños, de la competencia y del valor de demostrar lo que somos, sino que también se nutre de valores, de propósitos, se construye a base de imaginar, de pensar, ¡de volar! Pero cuando parece que Chazelle ha mostrado sus cartas, sube el nivel emocional de la película y nos deslumbra con impresionantes secuencias coreográficas (las escenas de baile en las estrellas y el universo son PERFECTAS) a tal grado que simplemente nos deja sin habla. Sube el tono. Hay que traer pañuelo porque las lágrimas surgen; La La Land viene con todo. Y lo digo porque rebosa clasicismo, rebosa imaginación, rebosa aventura, rebosa comedia y drama sin que el producto se perciba desbalanceado. 

Por momentos recurre a un tratamiento duro, como perfecto complemento de las piezas de baile. Crudo y hermoso. La La Land, como la historia de dos amores platónicos que súbitamente se enamoran al encontrar un lenguaje común, es deliciosa. Es intrigante, interesante, grosera en sus momentos tristes, cálida en los momentos inspiradores, pero sobre todo, mágica. Y cuando él la confronta, cuando le muestra sus verdades sin compasión, todo cambia. El tratamiento se vuelve crudo y la película no concede piedad a la audiencia. El silencio se apodera del espectador, quien aguanta la respiración, deseoso de saber qué ocurrirá después. ¿Qué haríamos nosotros en tal o cual situación? La La Land también se mueve en terrenos conocidos, totalmente comprensible, aplaudible por el tono honesto y admirable por su resolución, optimista y valiente. 

Él busca cumplir un sueño y ella compañerismo,...pero también perseguir sus metas. Así, dos mundos se encuentran. Dos almas recuperan su propósito. Dos seres humanos, en una sociedad que avanza deprisa, encuentran un espacio de identificación. Y sobre este punto, las narrativa simbólica es asombrosamente clara, estupenda, disfrutable, "caramelizada" y envidiable. Sólo queda maravillarse por la simpleza con la que el guión maneja su temperamento, con la relativa facilidad con que nos cuenta cómo los sueños pueden ser definitivos, complejos y que tomar una u otra decisión, nos define. Puede significar todo. El aspecto musical, como puede suponerse, le da ese aire de fantasía y sentimiento a una historia que, en ciertos ángulos, rebosa tristeza y ligera depresión como alegoría de la vida real. Pero eso no importa, porque la esencia sigue siendo creer, vivir, y disfrutar. Y con cada toma, cada escena, cada ritmo, cada letra, cada tonada, ¡nos invita a bailar!

La La Land rompe con los esquemas, rejuvenece, en el más amplio sentido del término, el género musical. No sólo lo enaltece, lo vigoriza, lo fortalece. Pone su nombre en alto, y con semejante director y elenco, no es para menos. Decir que La La Land merece aplausos es poca cosa, porque en su construcción reta a lo cursi, se burla y lo halaga; esta cinta es una vicisitud de lo poderoso, de lo bello, lo poético y lo sensible. Es La La Land: una historia de amor. 

Comentarios

  1. ¡Órale! Cinco estrellotas, sí que la tienes en alto. Y no es para menos, personalmente también la había calificado igual (aunque a ratos creo que exagero y le quitaría media estrella, no sé). Hay, como siempre ocurre en las películas con mucha filigrana, sus detractores que la minimizan en su tono cursi, que la demeritan por su caracter musical o que ridiculizan sus referencias a otros clásicos del género. Pero es que es precisamente por todos estos argumentos por lo que resulta maravillosa la película: los apropia, afila su anhelante corazón y los arroja a mellarse contra vientos de esperanza.
    "La La Land rejuvenece, en el más amplio sentido del término, el género musical. No sólo lo enaltece, lo vigoriza, lo fortalece" efectivamente lo rescata de su más oscuro pasado y lo devuelve al nuevo milenio con un espíritu de inequívoca dualidad que se bate entre lo revolucionario y lo clásico. Como sus personajes que en muchos aspectos marcan eco en nuestros propios conflictos personales y el escarnio con que se ahogan nuestros sueños entre tanta realidad.

    Ah, pero la cosa no termina ahí porque Chazelle no sólo resucitó el musical, lo fusionó con la comedia romántica y nadie lo notó, y no sólo eso, sino que le otorgó a esa rom-com una dimensión que por sí sola nunca hubiera alcanzado. El más claro ejemplo está en Sebastian. Por momentos absurdo y aburrido, casi como tropiezo o casualidad se les escapa ese romántico lleno de desatinos cuyos más involuntarios momentos son los más hilarantes. No por ello deja de sentir el peso de sus sueños oprimidos contra la espectativa de la realidad, no por ello deja de buscar esa estabilidad que le hace falta a su vida y que le otrogará salud a su bien amado, no por ello deja de soñar.

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  2. La La Land es prácticamente un cuento de Disney excepto por el final. Sin embargo es una película muy recomendable, se llevó 7 de 7 en los globos de oro (ninguna otra película lo hizo).

    -Tacos al Pastor

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