El que busca, encuentra. Un poco de surrealismo, por favor.


Me acuerdo cuando hace poco más de un año asistí a un curso de guionismo, un diplomado que iba a ser auspiciado por TELEVISA y por la Universidad Iberoamericana. En el momento en que los evaluadores me preguntaron que qué opinaba de las telenovelas como historia, como trama, respondí que les faltaba conflicto y menos diálogo forzado. Probablemente haya quienes piensen que mi respuesta fue amable o quienes creen que fue extremista. Telenovelas he visto tres en mi vida, y en dos de ellas, el motivo eran las actrices. Este último punto me lleva al por qué fui a ver El que busca, encuentra

No vi A la mala, que es la película antecesora del director Pedro Pablo Ibarra, pero saber que Ana Brenda Contreras estaba involucraba en este proyecto fue suficientemente, dentro de lo mínimo esperado, para llamar mi atención. Poco tengo que analizar de una historia con muy poca sustancia. Sí, sé a lo que fui. A disfrutar de la presencia de esta actriz. Tengo que admitir que se despega un poco de su otrora personaje Aurora en la polémica Teresa, que al inicio su Penny en la película luce sobreactuada y además da pena, pero conforme la poquísima tensión y romanticismo que la cinta deja flotar en general en el interés de la audiencia, vemos un ligero crecimiento, un pequeño distanciamiento en su personaje. Casi como si "evolucionara". Casi, pero no tanto. No porque el "guion" lo impide. No, porque -y esta es mi sospecha- así construye los personajes Televisa. 

Sé a lo que iba. A divertirme y a disfrutar. Ana Brenda agrada, le compré por instantes esa motivación de la auto-superación vía la espiritualidad, la completud que tenemos como seres humanos, y si bien en sus ligeros o nimios puntos fuertes, la cinte posee la autoironía y la capacidad de "romper" indirectamente la cuarta pared, recurso narrativo que acostubramos ver en mejores películas, también tiene sus buenos chistes y esas atmósfera de familiaridad que todos en la Ciudad de México hemos vivido ("contéstale cool", "como si no te importara", "como si no la recordaras") y la chica del asiento de arriba "Wey, ¡así le contesto yo, no @#$!".  

Ana Brenda no tiene problemas en su aparente compromiso con el papel, hasta se le nota la química con el actor Claudio Lafarga. Lo suficiente, dado que rumores apuntan a que la bellísima mujer es temperamental. Quién sabe. Más allá de las hermosas locaciones en Chiapas, en la Ciudad de México, en la moraleja de seguir tu corazón y no la seguridad económica, de ser fiel a tus principios y a lo cursi del amor infantil, la cinta podría sobresalir un poco más que la que protagonizó Bárbara Mori, o incluso Martha Higareda. Pero si a esta la valoró peor, es porque la percibo demasiado común, poco chiste y poco desarrollo de conflictos, sin contar que su contexto narrativo es el Estadio Azteca y que abusa de las telecomunicaciones y redes sociales para justificar el encuentro entre los protagonistas, para amainar el realismo en una historia, dejar a algunos con las lágrimas y a otros con la certeza "Así es la vida real".

Aquí lo único que percibo de TELEVISA es el montaje y uno que otro punto de tensión forzado y poco gustoso.Esto me conduce a percibir a la cinta como un evidente desapegado de una historia de amor por situarse fuera de la televisión para adentrarse en los márgenes de la cinematografía; una propuesta que hace lo posible por adecuarse al canon de la pantalla grande, esfuerzo que deja huecos irremediables, y que se vuelve cursi, muy irreal en varias escenas, pero mostrándose como algo ligeramente honesto. Y por Ana Brenda Contreras, lo creería. 


La recomiendo si quieres distraerte del mundo y si eres fan del elenco, si no, ve cualquier otra. 

Lo mejor, naturalmente, fue ver a Ana Brenda Contreras y vislumbrar su poca química con Lafarga. 

Lo malo puede ser el estereotipado constructo de personajes secundarios y el sube y baja de una rudimentaria narrativa que se alarga un poco. El resto, ni qué decir. 

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