Crítica a Ariel


Una cinta con aires comunes que nos pone a reflexionar la hipótesis "¿Qué haría si estuviera en su lugar?". 

Alguna vez no hace mucho escuché, en una reunión, que hablaban de que el cine de antaño, o por lo menos el cine de veinticinco años para atrás, brindaba más calidad a un público habituado a las películas densas y sin mucha acción. Con esto, creo yo, se referían a que las películas de los años noventa para atrás carecían de mucho movimiento de la cámara, factor técnico que puede deberse al auge de la tecnología y el impacto de ésta sobre la industria del cine. Si es o no verdad el que las películas modernas sean "más rápidas" es algo sujeto a percepción. Probablemente sí sea justo decir que aquellas películas, las de la "vieja escuela", presenten personajes con una psicología definida y una trama que dé para hablar por horas. 

Ahora bien, con esto no quiero decir que actualmente no haya buenas películas que incluyan movimiento, porque sí las hay y hemos podido disfrutar de ellas incontables ocasiones. En un renglón muy aparte se sitúa Ariel (1988), cinta finesa escrita y dirigida por Aki Kaurismäki. La presente película cuenta con los elementos necesarios para arrancar: algunas motivaciones, situaciones forzosas que conducen al esperado "giro de trama" y...personajes. 

En el filme Turo Pajala es el protagonista, un protagonista desgraciadamente plano: no reacciona, no se enfurece, es impulsivo, influenciable y provoca que todo plan se le voltee. Quizá su mayor atributo radique en hacernos reflexionar como espectadores que todo lo que él hace es, evidentemente, perjudicial para cualquier ser humano. Si bien su mediocre construcción como personaje nos da la "ventaja" de saber qué hará el destino con él, lo cierto es que es un factor en contra para el progreso mismo de la historia. Su personalidad simplemente no es opacada por el resto del elenco porque el guión está centrado en su mundo, en cómo intenta recuperar su vida (arruinada del modo más absurdo); es de la misma forma que, en cuestión de segundos, los demás personajes -se nota a leguas- tienen más decisión y consciencia de sus actos y saben lo que les conviene más. 

Y es que dejando de lado el ritmo lento, tan característico del cine europeo, y los supuestos "conflictos" -que ni siquiera deberían ser considerados tales, sino fruto exclusivo del escaso análisis que el personaje tiene de su mundo-, los demás personajes no contribuyen al desarrollo del protagonista; sus acciones, basta decir, resultan un tanto anti-climáticas. Puede que por momentos la cinta entretenga como panorama de lo cotidiano y el posicionamiento sobre el hombre común y la muy lejana reflexión de lo que significa caer en constantes desgracias, pero de ahí a que robemos bancos huyendo de la autoridad, estamos locos de remate o no se nos dio un criterio claro sobre lo que son la moral y la ética. 

Una película cuyo mérito más notable es (¿reiterarnos?) enseñarnos que parte de la vida está en planear y que las cosas que nos pasan tienen una razón de ser. Lejos de eso, no nos perdemos de mucho aquí. 

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