MOWGLI: Relatos de la selva


Con la pretensión original de ser una secuela, Mowgli: Relatos de la selva es una propuesta que repite fórmulas y añade capas de comentario social. 


7.0


Tipo de artículo:
Análisis. 

Después de la entrega dirigida por John Favreau, Disney y compañía habían planeado una secuela que, originalmente, se titularía El Libro de la Selva 2, y que terminó llamándose "Mowgli", una "continuación" de la susodicha. Habiendo aclarado esto, es comprensible el cambio en dirección y elenco; ya no es Favreau, sino el talentoso y reconocido Andy Serkis quien está tras las cámaras para contar, de nuevo, la historia de Mowgli enfrentándose a Shere Khan para salvar la selva, el sitio donde se crió. No obstante, durante toda la proyección me asaltó una duda: ¿Por qué retratar, otra vez, la misma historia? ¿Acaso había algo que Serkis buscaba añadir al cuento que ya conozco?

Mientras las ideas volaban en mi mente, me sumergí en la aventura: la cinta me relata las peripecias de Mowgli como lobo o "cachorro humano", presentándome a Bagheera, Baloo, Khala y demás personajes. Veo a Mowgli aprender a ser un lobo, aun cuando la manada lo desprecia por obvias razones y, encuentro, de manera latente, los hilos que me hablan de su destino: enfrentar al tigre que privó de la vida a sus padres biológicos. ¿Por qué pertenecer? ¿Por qué no pertenecer? ¿Qué nos define? ¿La sangre o la crianza? ¿Puede más la apariencia o cómo el tiempo permea en mí o en ti?

En este sentido, Mowgli me parece no solamente un relato de introspección y sobrevivencia, sino de redención sobre el individuo que denigra y en sus últimos momentos, muestra arrepentimiento. ¿Por qué hacerlo al final y no cuando hay vida? Creo que porque así la esperanza que un pueblo (aquí encarnado como alegoría en los animales de la selva) puede tener en un individuo distinto a ellos queda matizada: al final es lo único que permanece. En la secuencia en que Mowgli aprende a ser un humano es cuando estimo que la cinta busca emparentarse con El Rey León, por dar un ejemplo, pues al retratar al protagonista exiliado que salvará a su pueblo de la tiranía del más fuerte, funge como una símbolo bíblico de humanidad en tiempos de oscuridad.


Estando en la selva, Mowgli aprende los hábitos animales, al tiempo que lidia con las "reglas" del entorno en que se encuentra. La secuencia juega potentemente con las ideas sociales de comunismo y socialismo, al tiempo que reviste de dificultad el concepto de la xenofobia, un elemento muy explotado en las cintas animadas y que aquí, si bien no está mal, simplemente no innova los márgenes de oportunidad en que el proyecto tiene lugar. Porque me creo la angustia de Mowgli por querer pertenecer, un momento íntimo identificable para mí o para ti, sin embargo, su deseo e impotencia física (contrastada con los demás) lo conducen a rechazar los momentos genuinos de afecto, de lazo con aquellos que realmente lo aprecian.

Bagheera, en este contexto, prefiere herirlo que verlo muerto, y ahí reside un mensaje paternalista negativo: no lo considera ni lo suficientemente apto, ni hábil ni adecuado para formar parte de una comunidad a la que llegó por azares (aquí un poco de Tarzan) La famosa pantera confunde protección con abandono, surgido de una baja fe en el ser amado. Por lo tanto, está convencido de que el exilio es más esperanzador que enfrentar la norma de su comunidad. Por eso, cuando Bagheera engaña a Mowgli para que pierda la carrera que definirá su futuro entre su especie adoptiva, la situación toma un giro y el sacrificio tiene lugar, más por miedo al fracaso que por afecto auténtico.

Veo al chico huir, no sin antes rogar por su reconciliación, pero los "suyos" lo abandonan a donde creen que estará mejor, libre de Shere Khan, libre de la muerte, de la deshonra, de la perdición. Mowgli cae en las manos humanas, encontrándose con un cazador misterioso con algunas razones para matar a Shere Khan pero sin un verdadero trasfondo o peso en la historia, ni qué decir de la misteriosa Frida Pinto, con quien Mowgli comparte instantes culturales y someramente sensibles, pero que son tan escasos que la "evolución" que pretenden narrarme...no me llega.


Cuando Mowgli es desterrado, el chico no tiene otra opción que unirse al mundo del hombre. El problema aquí es que resulta inverosímil e injustificado su supuesto crecimiento, ya que solamente es enunciado por diálogos explicativos sin poder emocional alguno. El tiempo que el guion dedica a esta "evolución" física y psicológica en el protagonista  es, simplemente insuficiente. Porque todo el tiempo leo expectación, duda, curiosidad, miedo e incomprensión filosófica en el rostro de Mowgli; lo percibo desencajado, como si el hecho de permanecer días, semanas, meses o años en una villa en medio de una selva sea algo efímero para no aprender nuevas costumbres.

Pero, dándolo por hecho, el tercer acto de la cinta, a pesar del tiempo transcurrido, me devuelve al meollo del problema: la tiranía de Shere Khan. Mowgli sabe que no podrá estar en paz, ni él ni los humanos ni sus amigos de la selva hasta que no le ponga un alto al poderoso y sangriento tigre, malo maloso pero digitalmente bien hecho. ¿Por qué un tigre y no un león, si éste es más feroz? ¿Por qué un humano y no una serpiente? ¿Por qué los elefantes, con su imponencia, mantienen una postura más taciturna, pusilánime y más pacífica? ¿Será porque el Hombre debe sembrar el camino de paz o destrucción? Si descifro las preguntas, Khan se convierte en la alegoría de poder absoluto, de corrupción, de maldad endeble, porque el misterio lo reserva Kha, que es más terciaria que nada y apenas goza de un par de escenas con más luz que oscuridad.


Quitando el hecho del obvio enfrentamiento, de que el guion se ocupe de narrar el cariño que Mowgli siente por la selva y su incipiente curiosidad e incomprensión por el aspecto humano, Andy Serkis me lleva por un camino similar al que me llevó Favreau en la película predecesora. En la otra cinta Shere Khan es más sádico y sanguinario, aquí estas características se las dejan con parquedad a Baloo, menos simpático y más fiero en esta ocasión.

Sin embargo, como escribí más arriba, el arco emocional del tigre construye sobre él una perfecta alegoría a los problemas: puedo huir de ellos o encararlos, pero no olvidarlos; sólo aumentarán. Cuando la cinta me ha dejado esto en claro, es que Mowgli se convierte en la parábola sobre las responsabilidades presentes y la lucha por balancear el pasado, el reconocimiento, el sentido de pertenencia y los propios deseos de construir un mundo mejor. Si en el filme anterior el comentario crítico giraba en torno al poderío destructivo del hombre, aquí gira, a mi parecer, en torno a enfrentar el pasado, la oscuridad y a que valerme por mí mismo, confiando en que la justicia llegará.

Conclusión:
Mowgli: Relatos de la selva no presenta muchos cambios o evoluciones en el mítico cuento que conozco, solamente explora la vida de Mowgli desde una óptica ligeramente distinta, narrando poco su relación con la civilización humana, pero representando su regreso a la selva como si fuera una somera purificación espiritual y social. Es una cinta con un gran elenco, pero no una gran historia, por lo que la definiría como un mero entretenimiento. 

Comentarios

  1. Voy a empezar por un consejo muy recomendable: revisa tus fuentes porque tienes un desparpajo de descontexto en todo. Así pues voy a desmembrar párrafo por párrafo.

    Ésta no es una secuela, ni siquiera tiene relación con Disney en ningún punto, es un proyecto gemelo de la Warner, orquestado por Andy Serkis ANTES que Favreau, pero que vió la luz después porque... mala administración. Y me queda claro que nadie ha leído el libro de Ruyard Kipling, pues Serkis con esta versión es quien mejor se acerca a la obra original, sin hacerlo muy además, y el único que decide conservar al personaje de Tabaqui, cambiando su especie de Chacal a Hiena. Eso sí me parece un desatino, aunque entiendo el símbolo.

    La obra de Kipling sigue el camino de la 'rana desnuda' desde su crianza entre los lobos hasta el esplendor del hombre ajeno al hombre que finalmente vuelve entre los hombres una vez más.

    El pueblo libre de Seeone —los lobos—, el pueblo sin ley —los monos—, los hijos de la selva —cazadores (Baloo, Kaa, Shere Khan...)—, Tha y Hathi —los elefantes—, todos estos grupos en efecto simbolizan virtudes humanas, desde la sabiduría, la libertad, hasta la venganza. Por su parte la aldea del hombre representa todo lo malo en la humanidad: podredumbre, miseria, soberbia y un largo etcétera. Cosa que ni esta ni niguna otra cinta logran evocar de las páginas impresas y se dan pequeños lujos creativos que emulan de una u otra forma a celebraciones culturales tanto del occidente como de ese “exótico” oriente.

    Bagheera no sólo no es paternalista, es un guardián de la ley de la selva, tal como lo es Baloo, pero los dos son además padrinos de la 'rana desnuda', son responsables de su bienestar y lo hacen respetando la ley de la selva. Bagheera es el único que además entiende el valor humano que representa el cachorro por haber surgido del cautiverio, Bagheera sigue temiendo a la selva más que cualquier otro habitante de ella y por ello toma desiciones que los demás animales no entienden.

    Hay dos momentos en que Mowgli contacta a los humanos, la primera es cuando lo exilian y la segunda es cuando se encuentra a su madre (y no, no es un spoiler porque nunca van a leer el puto libro), Serkis quizo condensar momentos de ambos eventos pero al hacerlo pierde consistencia y se olvida del desarrollo emocional del chico cuyo único fin es escuchar los consejos de Bagheera a fin de cobrar venganza; contra los hombres y contra el tigre.

    Shere Khan aquí podrá ser algo más que la adversidad: es el trono del asesino, el invencible, ese ser omnipotente cuya fiereza impone sobre el resto de los animales. Y este “malo” es un tigre y no un león, porque en en la selva india no hay leones , y porque para Kipling como para todos los habitantes de la India el tigre es mucho más temible pues caza de día (cosa que no hacen los leones), además de ser más grande, más fuerte, más ágil y su piel lo mimetiza con el entorno en tal grado que se vuelve una sombra asesina. Lo único más violento, terrible y 'malo' que el tigre es el hombre, es Mowgli. Shere Khan no es símbolo de corrupción, es un obstáculo al poder absoluto al que aspira el hombre: el de la fuerza bruta de la naturaleza. Los elefantes son taciturnos porque son espíritus viejos, velan por la paz de la selva, poseen una mística sacerdotal, si se quiere.

    Estoy más que resignado a que jamás veré una buena adaptación del libro de la selva en la fidelidad del libro, porque de nueva cuenta el occidente no entiende al oriente y sus traducciones se vuelven balbuceos infantiles. Así que a partir de la referencia fílmica por excelencia, Serkis junto con Favreu no hace más que aportar relleno a ese pote de obras innecesarias.

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