El castillo en el Cielo


El tesoro de la naturaleza.



Si pudiera adjetivar a esta cinta, sería así: mágica, visualmente profesional y enternecedora. Aun con estos adjetivos, que considero son bastante halagadores, El Castillo en el Cielo me parece la cinta más desarticulada en sus propósitos; obra del gran Hayao Mizayaki. En parte me apena, porque imaginé un tratamiento más sofisticado, más concentrado y con menos "tardanza" rumbo al contenido principal de su propuesta: descubrir la identidad de un misterio Castillo suspendido a miles de kilómetros en el Cielo gracias a un poder divino que lleva siglos en la Tierra y cuya capacidad de cambiar al mundo se presume admirable y deslumbrante. O al menos es lo que su leyenda, contada a través de los personajes principal, nos dice.

Aunque El Castillo en el Cielo rodea su atmósfera de una magia de dudosa procedencia, todo está construido a partir de las peripecias u obstáculos que los protagonistas de la cinta (Sheeta y Pazu) sortean contra los "villanos" del cuento rumbo a "ver quién encuentra antes el tesoro más grande". Estos dos niños, cuya suerte e inocencia es suficiente para hacer que el destino los conduzca a un "tesoro" que también guarda relación con sus vidas, son el eje central de la película. Yo me pregunto si eso es suficiente, pues reducir la sinopsis a una simple carrera por ver quién es más hábil llegando a la meta proyecta poca profundidad y pocas ganas de explorar más o a los protagonistas o al verdadero fondo de la película: el castillo. Reducción o indecisión, no sé si hay algo encomiable en reconocer que gran parte del metraje sea una simple persecución; sí, hay violencia mesurada, misterio, escenas de toques sobrenaturales y, sobre todo, una especie de amor infantil en su forma más pura, pero ello interesa más cuando el TÍTULO, el pollo de la sopa no es ése.

Todo eso lo puedo aceptar si me decanto por el aspecto visual de la cinta, totalmente tradicional y exhaustivo en sus secuencias y cortos, pero no así en los diálogos o giros de tuerca que avanzan la trama. Existen escenas en la película donde debería haber confrontación por lo "contado" antes y porque los antagonistas se encuentran con los héroes, pero tras diversos obstáculos y con explicaciones que se me antojan endebles, terminan uniendo fuerzas contra un enemigo común, uno que explica parcialmente su origen y en un momento donde no estoy pensando "¡¡Caramba!! ¿A poco es...?". Entiendo que es alguien relacionado íntimamente a la protagonista, a su historia, pero ni su impacto emocional ni su arco dramático están expuestos correctamente y terminan sin mayor peso en la trama.

Y pues para cuando me presentan al Castillo en todo su esplendor (mencionar aquí su nombre traducido me inapropiado al ser una película familiar), veo vistazos de este mundo asombroso e inexplicablemente avanzando, pero cuyo protagonismo dura 10 minutos o menos y termina siendo relegado al concepto de "un poder demasiado grande para la humanidad".

Siendo que leí la maravilla que es esta película, que me contaron su grandiosidad, que tengo allegados que la admiran, francamente me desconcierta el tratamiento del guion, sea por guardar parte del misterio o porque su belleza recae más en lo que no se me presenta que en lo que sí; que dice más lo que imagino que lo que veo. Cualquiera que sea la razón, sí esperaba un poco más de impacto, de belleza en su contenido, mas no en su estética, que es muy acertada. Desmenuzando y separando un poco dicho aspecto del conjunto, la historia de afecto entre los protagonistas era lo más esperado y evidente desde el primer giro de tuerca, que no puedo desear que sea más explícita porque es una película infantil, pero entretiene y conmueve el lazo que une a los estelares. Por lo demás, El Castillo en el Cielo me parece una encantadora y atractiva promesa que le queda grande a una ligeramente pálida realidad. 

2 comentarios:

  1. Aahh, esa impaciencia para el cine contemplativo. Debes considerar dos cosas sustanciales en la obra de Miyazaki: la primera es que NUNCA escribe guión, desarrolla sobre la marcha a base de storyboards. La segunda es que la animación rusa es una de sus influencias cinematográficas. Quizás con eso de fondo puede uno suponer qué esperar de una película del realizador nipón.

    Tenkū no Shiro Rapyuta es la primera película del estudio Ghibli, allá a mediados de los ochentas, y expone —bueno, ya desde Nausicaä—las inquietudes morales y tecnológicas del hombre para con el planeta. Tomando como punto de partida la isla imaginaria de Laputa de los viajes de Gulliver, Miyazaki construye su propia mitología y la trata a modo de panfleto ecológico, si gusta el término.
    Sheeta posee un cristal, por el cuál su vida está en constante peligro, y en un azar de esos Deus ex machina, termina, o mejor dicho, empieza la historia con Pazu y juntos buscan desentrañar el origen de dicho cristal y el por qué tan codiciado. Como es de suponerse el cristal y Sheeta están íntimamente ligados a la misteriosa isla Laputa. Así, ambos protagonistas se dan a la tarea de encontrar la susodicha isla.

    Tal como mencionas, es al llegar a su destino que entienden el poder del cristal y por qué la gente abandonó el lugar. Es aquí donde se condensa el eterno discurso Miyazaki del deber del hombre. Como dije antes, eso surge en parte de la tradición del shinto; esa cosmogonía pagana milenaria dicta una simbiosis universal de todos los seres, vivos e inertes, como parte de un todo, ante tal naturaleza es deber del hombre honrar respeto a esa simbiosis de la que también forma parte. Como dije antes, al occidente le vendría MUY bien entender y aplicar dicha filosofía.
    Partiendo de lo anterior, Miyazaki como buen japonés está convencido que la prioridad del hombre es su entorno, luego sus vecinos y al final uno mismo. Siendo así también con el uso de la tecnología, cualquiera que ésta sea. Es por ello también muy evidente que los antagonistas pecan en gran medida de aquel defecto cuyo director tanto desprecia: avaricia. Quizás por eso mi fascinación ante las películas de ánime, en cuyo trato la historia no es sino mera excusa para exhibir símbolos, conceptos, teoremas y demás discursos en que están sumergidos sus creadores. Sus personajes son representaciones simbólicas de valores, principios y aspiraciones que no se encuentran en esta podredumbre que llamamos humanidad. Es un suspiro risueño, a veces desolador, pero siempre esperanzado en el día que todo cobre sentido.

    Me parece poco afortunado, eso sí, que esta película sea la única aproximación en la trayectoria de estudio, del sincretismo tecnología-naturaleza que representan los gigantes de Laputa. Puedo entenderlo dado la complejidad del concepto, lo utópico del mismo y la necesidad de reinventarse en cada nueva animación. O como dijo alguna vez Kurosawa: “no voy a hacer los sietes samurais eternamente”.

    A modo de anecdotario, me acuerdo aquella vez que fui a ver al cine Atlantis de Disney, en mi periodo de cinefília más activa. Claramente, y a pesar de que Atlantis es de mis favoritas personales —especialmente por su total falta de números musicales, bravo ahí—, se sentía la “influencia” de Laputa en la historia occidental, restando algunos puntos. Un ejercicio de side by side que recomiendo en esas tardes de ocio.

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  2. Muy cierto y, ahora que lo mencionas, sí hay un paralelismo entre ATLANTIS y El Castillo en el Cielo. Sí, el occidente debería aprender.

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