El Regreso de Mary Poppins


Aunque la guapa y encantadora Emily Blunt se adueña del papel antes encarnado por la legendaria Julie Andrews, tiene poco que hacer para rescatar una trama que obedece más a la época que apela que al material del que proviene. 

6.8

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Crítica

Cuando comienzan los créditos presentadores de El Regreso de Mary Poppins imaginé una cinta que hiciera mucho honor a su antecesora, la cinta de 1967, en la que Julie Andrews destacó como la famosa niñera con habilidades mágicas suficientemente encantadoras como para controlar y corregir a un par de niños rebeldes y juguetones al mismo tiempo que embelesaba al público con su misterio y carisma. Pero el comienzo de El Regreso de Mary Poppins difiere un poco y rápidamente obtengo la certeza de que el rumbo de la película no será del todo similar a la cinta original. 

Y aquí me planteo algo que reflexionaba mientras la película avanzaba en su proyección: ¿espero un homenaje o una separación creativa? ¿Qué es lo que realmente busco de la secuela de una película cuya premisa es bastante sencilla? ¿Un complemento? ¿Efectos deslumbrantes o una historia tan cautivadora como la anterior? ¿Qué? Primero tenía la duda sobre si Emily Blunt me haría olvidar el formidable trabajo que hiciera Andrews en ese mismo papel muchos años atrás (porque Julie Andrews FUE Julie Andrews), pero cuando Blunt encarna a la niñera, me despejó las dudas. Así que, a la par que la cinta avanzaba mostrándome a Jack (aquí interpretado por Lin-Manuel Miranda), que para la ocasión es farolero y no limpiador de chimeneas, que no lleva su equipo musical..., que no cantaba algo "pegajoso"; la "justificación" ante la presencia de la niñera iniciaba, pero con motivos distintos; cambios creativos.

Y me conduce a la familia Banks, de la que supe completamente en la cinta anterior. Me adentran en la casa de dicha familia y veo varias personas en constante movimiento, absortas en sus diversas preocupaciones, incluidos a los niños. De repente noto el cambio en la dirección de la trama: ya no son los niños rebeldes y verdaderamente necesitados de disciplina, sino que la película me enseña, sin mayores ambages, a tres niños bien educados y auto suficientes que se preocupan por su familia y son independientes. Así, ante el cambio a uno de los elementos de la trama básica, me surgió una incógnita. ¿Cómo justificaría la cinta la presencia de Mary Poppins? 


La triste realidad es que, cuando el guion me dice por qué Mary Poppins llegará a la familia Banks, veo un motivo bastante endeble. La razón ofrecida por la película es demasiado pequeña como justificación, pero la escena en sí, se salva por los efectos prácticos que la acompañan. Con esto quiero decir que el solo instante en que el director Rob Marshall me advierte del cambio de tuerca en toda la extensión de la palabra, le perdono su decisión creativa por la manera en que decide "insertar" a Mary Poppins en la historia.  

Esta decisión creativa que toma no es la única, claro está; introduce un conflicto para suplantar el original: Michael Banks (el niño de la pasada ahora convertido en papá viudo) tiene una deuda bancaria y dispone de muy poco tiempo para solventarla o perderá el único patrimonio que le queda. En ese instante se me ocurrieron varias posibilidades: a) Mary Poppins, no sé cómo, se verá involucrada en este problema y usará su "magia" para salvar el día; b) El villano (encarnado por un poco convincente Colin Firth) hará lo posible por hacerse con el patrimonio Banks; c) todo será resuelto de la forma más casual y con lo que menos me esperaría. Dicho... hecho. 


Esta conjunción de elementos (buenas actuaciones, diseños de vestuario, montajes, mezcla de animación tradicional con escenarios live-action, y dos simpáticos cameos necesarios pero inesperados por los momentos en que surgen) me deja ver una cinta que copia las secuencias más destacas del filme anterior, a la vez que busca refrescar una trama con propósitos contemporáneos; es decir, Marshall introduce problemas socio-económicos actuales para "acercar" la cinta a nuevas generaciones apoyándose del momento económico actual. La preocupación de la historia ya no son dos niños necesitados de disciplina, sino un patrimonio a salvar por cuestión monetaria. 

Para ello el director recurre a Firth para meter casi con calzador un villano terrenal en una cinta familiar. El sobrino del presidente del banco que, eventualmente me entero, quiere arruinar a los Banks, pero no veo motivo en ello, nada en el filme anterior que me indique una semilla de justicia o venganza. Sólo porque sí. ¿Por qué, entonces, dotarlo de una motivación tan banal? 

La cinta, tristemente, explica que sus motivos son meramente capitalistas, sin más. Y dada la pobreza psicológica del antagonista, no me queda más que voltear a ver las excelentes coreografías (unas en escenarios ya conocidos, otros novedosos) y la inclusión de nuevos personajes. Por su parte, Blunt realmente se gana el respeto al portar el paraguas parlanchín y el atuendo del personaje. Lo absorbe a su manera y aunque no supera el trabajo hecho por Andrews, me callo la boca con su actuación, mismo caso para Ben Whishaw como Michael Banks, que interpreta al papá de los niños que cuidará Poppins. 

Conclusión:

El Regreso de Mary Poppins es una cinta familiar con canciones y coreografías bastante entretenidas. Goza de efectos visuales interesantes y "necesarios" para la trama, aunados a las buenas actuaciones del reparto, pero todo queda cojeando ante una trama híbrida que se suma conflictos de época sin tener por qué. Marshall entregó, a mi parecer, un producto mediano y pasajero que, salvo por Blunt y el elenco que la respalda, sería una pérdida de tiempo. 

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