Lady Bird.

El camino a la Madurez.




Y como en la pequeña tradición que tengo por analizar (con la respectiva invitación para ti) películas que reciben buena calificación, ya sea por su manufactura o bien por su historia, tenemos este año a Lady Bird, en la que Saoirse Ronan se lleva los aplausos por cargar, de forma convincente, absorbente y poderosa, el papel principal en una cinta que, sobre todo, habla de nuestro paso a la adultez, la definición de quienes somos después de superar la adolescencia. Esto, en resumidas cuentas, es Lady Bird

Si quisiera hablar de la cinta, tendría por defecto que referirme a cualquier relación [humana] entre una hija y su mamá, un hijo y su padre. Lady Bird inserta especial énfasis en este binomio, en esta dicotomía. Cuando nos encaprichamos con una idea, con una meta o una particular forma de pensar, y entra la figura autoritaria ejemplificada en el papá o la mamá, a "azotarnos" contra la cruel realidad, lo mismo pasa en la película.

Además esto está presente el factor socio-escolar, aquel entorno que a su vez moldea nuestra vida, que se ocupa de la parte psicológica de nuestra humanidad, de nuestra individualidad, de nuestra conciencia. Ahí, de la misma forma, está Lady Bird; Christine, para los más desconocidos. En la escuela saldrán a relucir los matices de perfección (buena en sus calificaciones y con un muy cuidadoso amor por su ciudad), contrastando notablemente con su vida familiar, al presentarse como la única cuerda y con el valor de "enfrentarse" a su mamá en cada ocasión.

La relación con su papá es más pasiva, factor opuesto a como sería en la vida real. Pero, no obstante, eso dota de una capa de afección al hostil entorno familiar en que la adolescente se encuentra, provocando roces, impulsos, palabras duras, palabras suaves; experimentar y retar a un sistema que no es del todo ortodoxo, pero que igual tiene principios. Lady Bird es entendimiento. Lady Bird es rebelión, y una muy fuerte, grande, soberbia, pasional y poderosa, mucho en parte al gran trabajo de interpretación de Ronan, quien aquí demuestra que está hecha para papeles grandes.

Lady Bird es, de algún lejano modo, similar a Madam Bovary; libre, fuerte, autónoma. Y aunque la protagonista sea probablemente todavía una adolescente con miras a forjar su identidad, hay en ella belleza, pasión y un delicado matiz compuesto de escrúpulos; porque Gerwig la construye a partir de finas cualidades y defectos, construye a Lady Bird mirándose probablemente a sí misma y sabiendo que su personaje habla por ella. La directora de la cinta, Greta Gerwig construye en ella un personaje entrañable por sus deseos de vida, por sus ganas de forjarse ella misma, aun si tiene -desde su óptica- que ser grosera con su familia, autodidacta y, tal vez, impositiva con los que la rodean. Ciertamente no creo que hubiera habido mejor actriz para encarnar al personaje.

Porque yo veo en esta cinta un mensaje claro: el camino a la madurez está lleno de dolor, pero implica fuertes cuestiones psicológicas saber cómo lidiar con ese dolor, porque tal y como la película lo deja entrever, crecer duele, pero duele más saber que para conseguir algo, debemos perseverar muchísimo. Y ahí es donde la fortaleza más grande de la película recae: en mostrarnos la realidad de la vida a partir de la visión de una adolescente que, simple y sencillamente, quiere más. ¿Por designio social o curiosidad? Es una pregunta dicotómica que la cinta nunca termina de aclararme; pero algo es seguro, si esto es Lady Bird con todo gusto veo el resto de los proyectos escritos por Gerwig, dándole mi aprobación a una cinta que refleja, de un modo muy honesto -mas no original- la forma de pensar adolescente, que implica el dolor de preguntarse qué se es y adónde se quiere llegar. 

Comentarios

  1. Ciertamente Gerwig peca de "poco original" pero como la mayoría de los creadores afrirman: "la originalidad creativa no existe, todo se basa en algo más, el truco es saber enfocar y presentarlo debidamente". Y sí, coming-of-age's hay muchas, de visión femenina no tantas, y de visión femenina dirigidas por mujeres aún menos, pero el camino moderno tiene varias joyas que lo han pavimentado como The VIrgin Suicides de Sophia Coppola, Now and Then de Linka Glatter, But I'm a Cheerleader de Jamie Babbit, Wadjda de Haifaa Al-Mansour, cada una aportando la representación particular de la feminidad en tal o cual postura. Quizás el detalle más significativo de Ladybird es que su aproximación busca una fidelidad cruda, cuyos adornos parten del personje más que de su circunstancias, sus inseguridades se tornan amenazas y no flaquezas, sus deseos más bizarros o guajiros se muestran como ideales posibles llenos de posibilidad, porque la construcción de los eventos dependen primoridalmente de la visión de Ladybird. Por ello es fabulosa la dinámica entre Saoirse Ronan y Laurie Metcalf —quien se desempeña formidablemente—, son los polos entre fantasía y sueños contra realidad y deber. La química entre ambas actrices es increíble y el tono con que Metcalf puntualiza la insensatez de su hija para aterrizarla en su lugar la vuelve adorable. No cabe duda que desde su experiencia como actriz Gerwig ha sabido capitalizar ese lenguaje y comunicarse fluídamente con sus esteleras porque los hace funcionar fuera de su zona de confort, se nota en especial con Lucas Hedges al que desconecta por completo de su papel en Manchester by the Sea y lo ubica en una vulnerabilidad socarrona pero genuina.
    Otro factor de peso es el desarrollo protagónico, Christine es una adolescente cínica y con deseos de grandeza, si bien no entiende lo que eso significa se empeña en demostrarlo. Su mayor prioridad es salir de su pequeño universo y explorar el mundo, paso que le dará la perspectiva necesaria para re-valorar su todavía más pequeño universo que es el hogar. En el camino deberá decidir entre amistades y status quo, entre amor y lujuria, entre lealtad y reputación, entre egoísmo y sacrificios. Y Ronan se arroja sobre sus virtudes y defectos por igual, exponiendo esa dicotomóia grisácea que fecunda la personalidad del individuo. Sombras y luces inseparables en el molde de la entidad en vías de construcción.
    Es gracias a su honestidad y genuinidad que uno puede identificar —sin importar su género— momentos de su vida en esa adolescencia desgarbada lista para morderse la lengua entre estocadas de orgullo y lágrimas de gratitud.

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