Crítica a HITLER: Rise of Evil


Una magistral construcción sobre uno de los personajes más famosos de la historia.

Han habido, y habrán, infinidad de cintas que abordan la terrible temática de la Segunda Guerra Mundial, no obstante, son pocas, a mi juicio, las que logran atraparme como espectador debido a la sutileza, a la elegancia y fidelidad con que relatan el contexto alrededor de Hitler. No es necesario esperar mucho para presumirlo: esta cinta puede jactarse de mostrar progresivamente la compleja y muy interesante psicología de Herr Hitler, el que eventualmente condujo a Alemania a intentar dominar el mundo y, por si esto fuera poco, "limpiarlo" de la raza judía. Es un tema que, por donde se le vea, tiene campos de análisis importantes y por los cuales el mundo aún tiene mucho de qué hablar. 

Dirigida por Christian Duguay esta película nos narra adecuadamente los puntos clave en la vida de Hitler, desde su niñez, espantosamente matizada por un papá violento y una madre indiferente, parientes que no alcanzaban a comprenderlo del todo, hasta culminar con su histórico ascenso al poder político por medio del que, teóricamente, es el poder más grande del hombre intelectual: la palabra. Quizá el mayor pecado del filme es que, lejos de mostrarnos con lujo de detalles sus patologías y mórbidas actitudes, aquí Duguay prefiere enfocarse mayormente en su camino al poder, y mostrar pincelazos de su vida privada casi de forma tangencial pero lo suficientemente cerca para que no tengamos dudas de sus motivaciones. Puntos aparte la estructura del guión al brincar entre eventos, ya fueran la escuela de arte o los discursos en bares, que de un modo u otro, otorgan una dimensión histórica a lo que vemos en pantalla, al mismo tiempo que, apoyado por un excelente equipo en el diseño de producción, vestuario y maquillaje, notamos en Robert Carlyle una estupenda personificación del ¿anticristo? ¿Superhombre?, por excelencia. 

Carlyle nos expone a un Hitler humano, con todo y su imposición política, su persuasión, retórica, convencimiento, al mismo tiempo que nos advierte, del otro lado y socialmente, lo manipuladora que es la sociedad, en un juego paradójico donde el manipulador también es manipulado en ocasiones. 
Detalles más, detalles menos su capacidad de proyectar la depresión como metáfora de la ausencia, de la pérdida de recursos o aliados como parte de una vida que va encaminada a un propósito específico. Ahora, claro que la película explica muy bien quién es y cómo es que llegó a ser el personaje que tanto conocemos por sus atrocidades, pero, como dije al inicio, su mayor virtud está en narrar la esencia de Hitler, esa esencia de odio, violencia, malversión, patologías, monstruosidad, y su habilidad para camuflar estas características sin perder la limitación de sus raíces y motivos, es quizá un fuerte aspecto para recomendarla, porque a diferencia de muchas otras cintas, ésta se enfoca en lo que verdaderamente importa: exponer a Hitler, quién es y cómo es que llegó al poder. 

Mucho llegué a escuchar, cuando la veía acompañado, de que Hitler leyó a Friedrich Nietzsche y, si fue así, tiene cierto sentido. El famoso filósofo murió en 1900 y la WIIW comenzó en el 1939, suficiente tiempo para tomar erróneamente las ideas del llamado Superhombre -comprobado está que nada tiene que ver con Superman- y así irse a conquistar al mundo. Probablemente la película sufra de algunos momentos incómodos e incluso ridículos, pero éstos no afectan el desarrollo de la trama. Por lo demás, estamos bien. Una cinta digna para el género histórico. Recomendable como apreciación de un personaje destacado que, amado u odiado, cambió al mundo o aportó su odio al mismo.  

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