LIBRO: El Origen






¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Dan Brown relata una historia de crimen y poco más.






Por EdSQ.


Reafirmo la idea de que Dan Brown es un autor de género. Puede agradar o no, pero la indiferencia no es una opción al momento de sumergirse en sus historias. Es habitual en él —o así me lo parece— encontrar historias alimentadas sucesivamente por la pista, por la intriga. Lo curioso ahora es que el tópico es más suelto, más “directo”, por llamarlo de algún modo; aunque, por esa misma razón, las “secuencias” de su historia son contadas y, por ende, más prolongadas. 

En cuestión de personajes Brown retoma al conocido profesor de historia de arte, Robert Langdon, acompañado de una figura femenina siempre atractiva (¿por qué no empareja al protagonista con alguna de ellas ya?) para resolver un misterio o bien “salvar el día”, mientras son perseguidos por algún tipo de asesino contratado por “gente poderosa” para evitar que famoso profesor resuelva el enigma y lo publique. Como lo veo, la premisa no cambia demasiado. De hecho, no cambia casi en lo absoluto, salvo por la intención de hacer de El Origen, una auténtica trama de crimen que, de paso, aborda el milenario debate ciencia vs. religión. 

Digo, yo pensaría que no bastaron El Código DaVinci ni Ángeles y Demonios para mostrar un discurso, una diatriba o algo que fuera más “contundente”. Hasta en las solapas de cualquiera ejemplar impreso de su particular bibliografía puedo leer que al autor siempre le han atraído las claves, los códigos y montón de conocimiento semiótico. Y está perfecto; de hecho, como novelista, lo defiendo. Su capacidad para intrigar no es extraordinaria, pero sí bastante entretenida. Ahora bien, como “hablador” de temas importantes, estimo que se ahoga en un vaso de agua, y más allá de cualquier potencial investigación que pueda efectuar para sustentar, fundamentar y defender su trabajo, el reto parece grande para él. 

Admiro su tenacidad, su empecinamiento en dejar huella, pero a veces no sé si es más tozudez o realmente un talento encauzado. En El Origen no hay tantos giros de tuerca, solamente los esenciales, pero son puntualmente mostrados y, por otro lado, algunos cabos sueltos terminan sin ser aclarados completamente, aumentando el misterio, pero empobreciendo, no obstante, el resultado final. Hay lecciones sobre disfrutar la vida misma, lecciones sobre el amor verdadero, aprender a valorar al prójimo, y la fábula que rinde homenaje al subtítulo, que tiene como punto de partida y análisis el concientizar la presencia de la raza humana en el planeta. Una novela divertida, entretenida, astutamente editada y “exprimida” (es evidente la forma como Langdon “prolonga” los capítulos —lejos quedó la época en que los capítulos cubrían media cuartilla y podía leer medio libro en dos horas—), pero a su vez declara una precariedad de acontecimientos, al tratarse de una historia relativamente sencilla.  



No hay comentarios.:

Publicar un comentario