¿Hasta dónde llega la complejidad humana?
No somos ni Buenos ni Malos, simplemente somos, actuamos acorde a la circunstancia y eso genera un equilibrio facético en nuestra existencia, porque terminamos comenzando a ser todo y nada simultáneamente, es porque cada decisión tomada abre un nuevo horizonte, un nuevo camino en nuestro interior, abre una nueva faceta en nuestra esencia, en nuestra existencia. ¿Somos malos por robar una tienda? ¿Por engañar a alguien? ¿Tiene lo malo un buen propósito en nuestra vida? ¿O es que somos malamente buenos o buenamente malos? La vida quizá esté llena de tonos grises, pero ¿hasta qué punto?
La fragilidad humana, la recreación sólida de una decisión humana, ¿se distingue después de ser tomada, en la repercusión, o simplemente por la manera en que afecta a los demás? Esa belleza humana de la bipolaridad, de la multidimensión humana en el comportamiento del ser humano es bello, increíble, insospechado. Hay intensidades, distintas tonalidades en nosotros. Entre más facetas tenemos, más complejos e interesantes somos. Porque nos volvemos más "reales", no simples caricaturas de la vida, del porvenir del tiempo.
Y la realidad muchas veces implica ser vulnerables ante una determinada circunstancia, o ante los caprichos de la vida, porque implica la complejidad humana supone entender nuestro apego a la vida, nuestras ganas de luchar, de ser y de sentir, de querer expresar y entender lo que somos y lo que nos rodea.
Porque todos, todo el tiempo somos buenos y malos simultáneamente, grandes y pequeños, valientes y temerosos, geniales y patéticos, todo el tiempo la dualidad nos marca profundamente, y eso genera la incógnita, el cambio en lo que somos y lo que hacemos.

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